El Dios de Israel peleará contra los ricos corruptos

Pablo Sanabria

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas y vuestras ropas comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos y su moho testificará contra vosotros y devorará del todo vuestros cuerpos como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días finales. El jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros, clama, y los clamores de los que habían segado han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra y sido libertinos. Habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, sin que él os haga resistencia!”.
(Santiago 5:1-6)

La Biblia no condena el hecho mismo de tener riquezas sino el mal uso y la adquisición injusta de las mismas. Hay ricos buenos y honestos. Así que los ricos a los que se refiere este pasaje no son todos los ricos sino sólo aquéllos que oprimen y roban a los pobres. Éstos —dice Santiago— van a tener que llorar y aullar como lobos bajo la luna, atemorizados por el castigo que vendrá sobre ellos, “se pondrán lejos por el temor de su tormento, llorando y lamentando” (Apocalipsis 18:15). El verbo “aullar” agrega dramatismo a la escena de castigo ya que es una palabra que por su sonido reproduce su significado. Las “miserias” que les sobrevendrán es el sufrimiento que los ricos injustos acarrean sobre sí mismos en esta vida a causa de su maldad pero, sobre todo, es una referencia al castigo eterno.

Santiago dice que sus riquezas —ropa, utensilios de oro y plata, frutos de la tierra, vinos, aceites, etc.— están “corrompidas” o “podridas” y arruinadas por la polilla por falta de uso, lo cual es en sí mismo una prueba de su culpabilidad. Han acumulado tantas cosas materiales que no pueden darle uso y se echan a perder. “Guardan para sí tesoro y no son ricos para con Dios”, como el rico insensato de la historia de Lucas 12 que pensaba únicamente en función de “alimentar su propia alma”. O como el otro rico de Lucas 16, insensible ante el pordiosero que anhelaba los desperdicios de su mesa y que “cada día hacía banquete con esplendidez”.

Peor aun, estos ricos aumentaban sus ganancias reteniendo el salario de sus trabajadores hasta en época de cosecha, es decir, cuando tenían más dinero y la explotación era menos excusable. Por eso, dice Santiago, “el jornal clama” por justicia de parte de Dios, así como la sangre de Abel (Génesis 4:10) o el pecado de Sodoma y Gomorra (Génesis 18:20) y ha llegado a “los oídos del Señor de los ejércitos” (Adonai Zebaot, Isaías 5:9). Esta última frase enfatiza el aspecto bélico o guerrero de Jehová contra sus enemigos y se encuentra muchas veces en el Antiguo Testamento. El mismo Dios omnipotente que peleó al lado de Israel en los tiempos antiguos, peleará en contra de los ricos deshonestos y ladrones.

Además, estos libertinos, buscadores continuos de placeres, han usado el jornal injustamente retenido para engordarse así como los cerdos que se engordan para el día de la matanza: “Tú, pues, hijo de hombre, profetiza y bate una mano contra otra. Duplíquese y triplíquese el furor de la espada homicida: ésta es la espada de la gran matanza que los traspasará, para que el corazón desmaye y los estragos se multipliquen; en todas las puertas de ellos he puesto espanto de espada. ¡Ah! Dispuesta está para que relumbre y preparada para degollar. ¡Corta a la derecha, hiere a la izquierda, adonde quiera que te vuelvas! (Ezequiel 21:14-16). Santiago advierte que sus deleites y gorduras serán sólo “sobre la tierra” (v. 5), es decir, temporales, “pues nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar” (1 Timoteo 6:7).

El verso 6 lleva a su clímax la diatriba de Santiago y expresa el acabose de estos ricos abusivos quienes no sólo han robado a los pobres sino que también “han condenado (en sus tribunales parcializados) y dado muerte al justo, sin que éste les haga resistencia”, es decir, sin responder con violencia. Los pobres están indefensos ante el dominio de los ricos, quienes controlan también los tribunales para hacer injusticias.

El mensaje de Santiago es aplicable, en gran medida, a un buen sector de nuestra clase política que se ha enriquecido a costa del pueblo trabajador y que no cesa de fraguar artimañas para continuar festejando y engordándose el corazón. Lloren y aúllen porque tarde o temprano llegará el día de la matanza.

El autor es graduado en estudios de Divinidad.

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