Guillermo E. Miranda
Ha pasado ya un par de semanas desde las declaraciones del Subsecretario de Estado de Estados Unidos, señor Robert Zoellick (acerca de que el doctor Arnoldo Alemán es un criminal y un corrupto, y Daniel Ortega un político que pertenece al pasado), pero el impacto que provocaron entre la clase política de Nicaragua sigue teniendo consecuencias, de tal manera que hasta algunos de los que ayer aseguraban que se dejarían matar por el doctor Alemán hoy cuestionan su liderazgo.
La verdad es que no es para menos, ya que una cosa es ofrecer la vida por el Presidente y otra darla por el ex Presidente, sobre todo cuando comienzan los balazos. En las últimas semanas los tonos de la política han pasado de rosado a morado, los sandinistas casi se arrancaron los pelos por las declaraciones del señor Zoellick. Pero una vez que terminó la sesión de teatro nacionalista, se pusieron a leer el libreto y comenzaron a actuar en consecuencia. Si no, ¿por qué creen ustedes que Daniel anuncia el fin del pacto y se compromete con don Enrique en la controversial ley marco?
Creer que el pacto es historia sólo porque lo dice Daniel, sería una ilusión. La verdad es que quien crea que el nudo PLC-FSLN se deshace con amenazas está muy equivocado. Aquí, sino nos amarramos los pantalones todos los demócratas el futuro de Nicaragua se vislumbra más negro que sotana de cura. Recordemos que todo esto sucede cuando nos preparamos para asistir a dos elecciones el próximo año, y ya los señores del PLC y el FSLN se aprendieron muy bien aquella lección que dice que el que cuenta los votos es el que gana las elecciones.
Mientras tanto, el presidente Bush se las está arreglando para que el Senado de Estados Unidos le autorice “una política más activa para preservar la democracia en Nicaragua”. Esto tiene que poner a pensar a los dos líderes y a sus respectivos allegados. Porque la luz verde que el Congreso está por otorgarle al presidente Bush no es para menos. Dice mi barbero, que si Bush pudo mandar un ejército a pelear a más de diez mil kilómetros de distancia y gastar más de trescientos mil millones de dólares, asegurar la paz y la democracia a la norteamericana en Nicaragua, duraría lo que una piña de mamón a la entrada de un colegio.
Por eso no hay que olvidar aquel principio físico que no admite discusión, y es que la cadena siempre se rompe por la parte más delgada. En esta ocasión la parte más débil se llama Arnoldo Alemán. Porque Daniel no arriesgará todo lo que ha ganado llevando hasta las últimas consecuencias su enfrentamiento con los norteamericanos. Desgraciadamente también el Ejecutivo está totalmente agotado y con la amenaza de los delitos electorales sobre las cabezas de sus ministros. No hay otra explicación para que don Enrique acepte dejarnos de herencia una ley marco con el único propósito de salvar su último año de gobierno. Lo peor que podría pasarle a Nicaragua es que aceptemos un diálogo para remendar problemas nacionales y desaprovechar este momento político en que los ojos del mundo están sobre nosotros. Mi humilde opinión es que todo aquél que se preste a pretender engañar al pueblo, parchando o posponiendo decisiones que afectan nuestra democracia, debemos denunciarlo. Porque si la OEA, la Unión Europea y resto de gobiernos amigos demócratas, ven que aceptamos falsas soluciones. A ellos no les va a quedar más que avalarlos y de ello seremos responsables todos: Gobierno, partidos políticos, candidatos democráticos, sociedad civil.
Pero principalmente aquéllos que siguen alimentando con falsas expectativas al máximo líder del Partido Liberal Constitucionalista.
El autor es analista político y miembro de la Alianza Liberal Nicaragüense.