El pacto no ha terminado

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El pacto no ha terminado





El secretario general del Frente Sandinista, Daniel Ortega Saavedra, anunció el jueves de esta semana en San Carlos, Río San Juan, que el pacto de su partido con el PLC se había terminado al producirse el acuerdo de él —Ortega— con el presidente Enrique Bolaños, el lunes 10 de octubre corriente, para congelar las reformas constitucionales y promover un diálogo nacional en procura de la estabilidad gubernamental.

“Ese acuerdo, ese pacto que llamaban, con el partido liberal, ya no tiene razón de existir y el Frente Sandinista va a seguir adelante solo, hasta lograr la victoria en las elecciones nacionales”, aseguró Ortega, según la información que LA PRENSA destacó en su portada este viernes 14 de octubre del 2005. Pero, ¿se puede creer a Daniel Ortega?

En realidad, es evidente que en los últimos días se ha producido un viraje en la posición de Ortega y el FSLN. Esto se pudo apreciar con el acuerdo que el líder sandinista hizo con el presidente Bolaños, el lunes de esta semana, para congelar las reformas constitucionales, aunque es necesario recordar que ya antes, en enero de este mismo año, Ortega se había comprometido a no aprobar las reformas pero inmediatamente después faltó a su palabra .

Pero lo importante es que hay un acuerdo para congelar las reformas constitucionales, ante un testigo de alta calificación como es el representante personal del Secretario General de la OEA.

Por otro lado, el viraje político de Ortega y el FSLN permitió que la Asamblea Nacional ratificara el DR-Cafta, para lo cual inclusive desmovilizaron a los “organismos de masas” que estaban listos para desencadenar la violencia callejera con el fin de impedir la aprobación del tratado. Y aunque los cabecillas de las bases sandinistas amenazan con atacar el DR-Cafta mediante recursos por inconstitucionalidad, esto es sólo propaganda para aplacar a los activistas y cuadros más extremistas que quedaron frustrados por la aprobación del TLC.

A nuestro juicio son varios los factores que entraron en juego para que se produjera este cambio de táctica de Daniel Ortega y el FSLN. Entre esos factores se cuenta sin duda el recrudecimiento de la presión de Estados Unidos, a la que Ortega no puede ser indiferente no obstante los alardes verbales antiestadounidenses que expresa a menudo. El viraje se debe también, sin duda, a la enérgica posición de la comunidad internacional al lado del presidente Bolaños, aparte de que Ortega ha aplicado una vez más su conocida estrategia de crear conflictos, agudizarlos al máximo y llevar la crisis al borde del abismo, para terminar negociando sobre el filo de la navaja; tal como lo ha hecho desde que tomó el poder en 1979 y después cuando comenzó a “gobernar desde abajo”.

Pero el hecho de que Daniel Ortega y el FSLN ahora se han distanciado aparentemente de Arnoldo Alemán y el PLC, no significa que el pacto se terminó. En realidad, independientemente de que en cualquier momento que lo considera conveniente Daniel Ortega se puede entender con Alemán y la cúpula del PLC, el pacto es mucho más que una simple formalidad y está omnipresente en todas las instituciones del Estado que fueron repartidas entre los dos partidos y sus caudillos. El pacto está vivo y sigue erosionando a las instituciones partidarizadas y desnaturalizadas, y dañando la moralidad de la nación.

Para que el pacto libero-sandinista se termine realmente hay que reestructurar y sanear la Corte Suprema de Justicia, y aprobar una Ley de Carrera Judicial que garantice su independencia, moralidad, profesionalismo y eficacia. Para que se termine el pacto también habría que renovar el Consejo Supremo Electoral y suprimir de la Ley Electoral las triquiñuelas y el ventajismo libero-sandinista que le introdujo el pacto de los caudillos. Además habría que despedir a los contralores pactistas y restablecer la Contraloría unicéfala, íntegra e independiente de los partidos políticos. E igualmente a la Fiscalía hay que independizarla del PLC y del FSLN, y de sus caudillos.

Eso sería como hacer una revolución cívica y patriótica, pero mientras no se haga el pacto seguirá vivo y pervirtiendo las instituciones, degradando la función estatal y enfermando a la República.

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