Libertad

Carlos D. Quintana Cuántos crímenes se cometen en tu nombre, ¡oh excelsa libertad! Tu frente es la alborada de Palas Atenea, tus ojos son dos lagos azules de ilusión, en bucles se desdobla tu áurea cabellera, y en la semblanza augusta de tu marmórea forma; tu diestra alza tu antorcha que brilla como un sol. […]

Carlos D. Quintana

Cuántos crímenes se cometen en tu nombre, ¡oh excelsa libertad! Tu frente es la alborada de Palas Atenea, tus ojos son dos lagos azules de ilusión, en bucles se desdobla tu áurea cabellera, y en la semblanza augusta de tu marmórea forma; tu diestra alza tu antorcha que brilla como un sol. Destellos de universos dan fuego a tus pupilas, tu límite es un cielo y el viento es tu pendón, te rinden homenajes ocasos y alboradas, los recios huracanes, relámpagos y truenos; y el mar te hace tributo cantando su canción.

En el Olimpo sacro de sempiterna gloria, tu fuiste diosa y reina que nunca claudicó. ¡Oh, diosa que cansada de libertar galaxias su luz dio a nuestra esfera y que erigió su efigie y antorcha frente al mundo plasmada en Nueva York!

Los cóndores pregonan tu nombre en las alturas, las águilas ostentan tu emblema con honor, las aves te veneran en su impecable vuelo, tu luz nunca se apaga porque es fulgor de estrellas, por ti se alza y camina la humanidad en pos.

A ti los efluvios de las liras, a ti marciales himnos cantados con fervor, que a ti cante la cítara, a ti el arpa sonora, el son de los timbales, la voz de los clarines; que coros se levanten por ti en cada nación. A ti la nívea esencia de míticas minervas, a ti el icor profano de rosas de color, y en vez de la terrible visión apocalíptica, tu diestra convertida en actitud mesiánica; nos guíe en una senda la luz, de paz y amor.

Por ti los pueblos claman, proclamas y consignas, se funden en la lucha, la guerra y el fragor. Ignoran que tu antorcha de paz es ecuménica, que no conoce dogmas, que borra las fronteras, que no distingue razas, ni credos, ni color.

Que se alce luminosa tu majestuosa forma, sobre la paz tiránica del miedo y la opresión, te anuncies por el orbe con voces de trompetas, que inunde los espacios tu luz pura y primigenia, como una primavera de sacra profusión.

Por sibilino influjo de universal conciencia, el genio de Bartoldi en mármol te esculpió, sellando tu imponencia una armoniosa alianza, que en actitud sincera fraterna y futurista; unió a la bella Francia y al sol del septentrión. Ya en la magnificencia virtual de nuestra era, Bolívar te soñaba, Martí te vio en visión, Darío te habló en versos y tus miras al Norte: no ignores a los hijos de esta vibrante América que llevan sangre indígena y herencia de Colón.

La historia con sus manos forjó tu vestimenta, por ti sueña y camina la humanidad en pos, tu luz nunca se apaga porque tu antorcha olímpica que rige los confines de la gloria. ¡Ungida en luz de estrellas ostenta luz de Dios!

Ingeniero, Residencial San Juan.

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