Pax Americana: la historia y su actualidad

Guillermo Rothschuh Villanueva

A Jorge Eduardo Arellano le debo entre otras cosas haberme proporcionado los materiales que me sirvieron para redactar mis primeras investigaciones sobre el desarrollo de la ganadería en Nicaragua; la publicación del ensayo Che Guevara: Poeta y Guerrillero, y ahora la relectura del intervencionismo estadounidense en Nicaragua.

El texto La paz Americana en Nicaragua (1910-1932) es un libro imprescindible para conocer el desarrollo de la historia de nuestro país. Sus altos y sus bajos, sus caídas y recaídas. Escrito con una escrupulosidad bibliográfica y atendiendo a fuentes de primera mano, brinda un panorama completo de la forma en que ha incidido la política exterior de Estados Unidos en la configuración del Estado Nacional. Algo similar afirma James Petras. Sin su parte introductoria referida al trasfondo histórico del coloso del Norte sería imposible entender lo que aconteció en Nicaragua durante la restauración conservadora. Sin los señalamientos concretos a la Doctrina Monroe, al Destino Manifiesto y el Corolario Roosevelt poco o nada podría saberse de la vocación expansionista, intervencionista e injerencista de Estados Unidos en los asuntos internos de Nicaragua.

La importancia de la obra de Arellano es su permanente actualidad. Sólo puede ser leída desde el presente. El carácter mesiánico o la escatología mesiánica permanecen viva. Continúan siendo parte fundamental de su política exterior. Las citas de Arnold Toynbee sobre el carácter marcial del pueblo norteamericano no distan mucho de las valoraciones realizadas sobre el mismo tema por Juan Bosch en Pentagonismo, sustituto del imperialismo, en las que expone que ningún país heredó el expansionismo y colonialismo europeo como los Estados Unidos. Las manifestaciones militaristas, según Toynbee, obedecen a que el pueblo norteamericano estaba preparado para someterse a la disciplina militar.

Resultan valiosas las aclaraciones de Arellano en torno a la Doctrina Monroe. Expone que no se trata de una ley, ni un instrumento legislativo, mucho menos de una proclama o de un artículo constitucional, sino de un discurso pronunciado por James Monroe el 2 de diciembre de 1823 en la cuarta legislatura del Congreso de los Estados Unidos. El Evangelio de la política exterior norteamericana como denomina Salomón de la Selva a la Doctrina Monroe, no es otra cosa que un plan de acción, un conjunto de prescripciones que han hecho propias a lo largo de la historia, los gobernantes norteamericanos, elevándola al rango de política de Estado.

Después de haber arrebatado a México la mitad de su territorio, el expansionismo hacia el sur era inevitable. En estas circunstancias primero el Caribe y después Nicaragua, resultaron intervenidos por los Estados Unidos. Los alegatos que puedan realizarse acerca de las razones que tuvo para hacerlo resultan secundarios. Resultan significativos los argumentos del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya (1891-1952) fundador del diario La Prensa, en el sentido de que “la política intervencionista no fue obra de un partido, sino externa; la intervención no procedió de nosotros los nicaragüenses, sino de los norteamericanos. Llegó cuando a ellos les convino y se fue cuando comprendieron su error”. En otras palabras la responsabilidad histórica no sería tanto de los partidos políticos como de los Estados Unidos. Sin embargo, lo que Arellano demuestra que la responsabilidad es mutua. En esto radica la centralidad de sus tesis. En verdad los Estados Unidos llegaron a Nicaragua por conveniencia propia, además no hubo ningún gobernante conservador, desde 1912 (Díaz, Emiliano, Diego Manuel, Carlos Solórzano, Juan Bautista Sacasa, José María Moncada) hasta 1928, que no invocaran la presencia de los Estados Unidos para proteger sus propios intereses políticos y los intereses geoestratégicos de los norteamericanos. Las únicas elecciones sin su injerencia fueron las de 1924 (Solórzano-Sacasa).

Las conclusiones acerca de que Nicaragua ha sido el país del Caribe más intervenido militarmente son aleccionadoras. Las fuentes documentales utilizadas son de autores norteamericanos. El anexo documental resulta más que necesario. Entre otros documentos citados están los Pactos Dawson, los choques de la marinería con las fuerzas rebeldes nicaragüenses y la fundación de la Guardia Nacional. ¿A qué se debe este breve repaso histórico? A una sola y única razón. Los Estados Unidos han iniciado el nuevo siglo XXI en Nicaragua, como iniciaron el siglo XX: metidos de lleno en la política interna. ¿Será posible todavía una rectificación de su parte? Eso está por verse. Lo que no me cabe la menor duda es que el texto de Arellano es un texto obligatorio de consulta para quien esté interesado en conocer la historia de Nicaragua de los últimos setenta años. ¡Como quien dice nada!

El autor es decano de la Facultad de Comunicación de la UCA

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí