Eduardo Enríquez
Los nicaragüenses, eternamente envueltos en los problemas que provocan los políticos, están hastiados y no quieren saber nada de política. Es común escuchar expresiones como “no me interesa lo que hagan los políticos, todos son igualitos” o “yo no me meto en política, lo que me interesa es trabajar, si no trabajo no como…” Esas opiniones son comprensibles sin embargo, erradas.
Lo que hagan los políticos, en particular los políticos pactistas que tienen el control de todas las instituciones del Estado, a excepción del Ejecutivo, debe interesar a cada nicaragüense, porque lo que ellos hacen afecta la bolsa de cada uno.
Sólo veamos algunas de las cosas que, por culpa de los pactistas, particularmente Arnoldo Alemán y Daniel Ortega, están actualmente paralizadas o a punto de quedar paralizadas y que afectan directamente el bolsillo de cada nicaragüense.
Comencemos por el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (DR-Cafta).
A excepción de Costa Rica —que no lo ha aprobado por razones muy distintas a las nuestras— Nicaragua es el único país dentro de ese tratado que no lo ha aprobado. El resultado de ese bloqueo directo que ha hecho el Frente Sandinista en la Asamblea Nacional, y que por razones de revanchismo político se lo ha permitido el PLC, es que ya cinco empresas decidieron abrir operaciones en otro país. Sólo con eso, tres mil personas que ahorita no tienen trabajo perdieron la oportunidad de tenerlo. El efecto multiplicador de tres mil personas con empleo es la diferencia del cielo a la tierra para una comunidad.
Pero hay otras 19 empresas todavía esperando la aprobación, sin embargo no van a esperar hasta que le dé la gana a Daniel Ortega y al presidente de la Asamblea, René Núñez. Ésos son otros 15 mil empleos y 500 millones de dólares en inversión. Todo el que está desempleado actualmente ya sabe a quien agradecerle por esa situación.
Los pactistas en la Asamblea también han decidido despilfarrar alegremente el Presupuesto General de la República y bloquear las leyes necesarias para ordenar mejor nuestras finanzas. El resultado es que estamos fuera del plan del Fondo Monetario Internacional.
“Yo de eso no como”, dirá el nica. ¡Falso! Eso representa 180 millones de dólares en ayuda directa al Presupuesto de la República, además pone en peligro la condonación dentro del programa HIPC de unos 4 mil millones de dólares. Pero no sólo eso, sino que gracias a los pactistas, la recién aprobada condonación de la deuda multilateral, aprobada por los ocho países más ricos del mundo, también está en peligro. Esos son otros 1,018 millones de dólares. O sea, sumando ambas cifras, casi la totalidad de lo que queda de la deuda que nos dejó el gobierno de Daniel Ortega, ese mismo señor que ahora está bloqueando las iniciativas para aliviarla.
Pero además, los pactistas están poniendo en peligro la Cuenta del Milenio, 75 millones de dólares que vienen directo a proyectos de infraestructura y están bloqueando un préstamo de ocho millones de euros para dragar los puertos de Corinto y El Rama que todo mundo coincide son necesarios para estimular las exportaciones y la economía.
Si el nicaragüense cree que nada de esto le afecta directamente su bolsillo, entonces no vive en Nicaragua.
Ante las oportunidades actuales que tiene el país, los pactistas y su política rastrera son extremadamente dañinos no sólo para Nicaragua, sino para todos y cada uno de los nicaragüenses, en particular los más pobres.