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Los corruptos no tienen patria
La cúpula del PLC rechazó con suma indignación —por medio de un comunicado firmado por el presidente de dicha colectividad política— los señalamientos del Subsecretario de Estado de Estados Unidos, Robert B. Zoellick, quien durante su visita de esta semana a Nicaragua calificó como “criminal y corrupto” al ex presidente Arnoldo Alemán, líder de ese partido.
Por su parte, una prominente diputada del Frente Sandinista se solidarizó con sus aliados del PLC, pues según ella “Arnoldo Alemán puede ser un ladrón, corrupto, criminal, pero es nuestro ladrón, nuestro corrupto, nuestro criminal”. O sea que Arnoldo Alemán es como un patrimonio del FSLN.
La legisladora sandinista parodió de esa manera una frase célebre que se le atribuye al ex Presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, quien se habría referido al dictador nicaragüense Anastasio Somoza García asegurando que éste “es un hijo de p… pero es nuestro hijo de p…”.
Sin duda que los liberales arnoldistas y sus socios sandinistas tienen derecho a protestar e indignarse porque el alto funcionario del Gobierno de Estados Unidos calificó de criminal y corrupto al caudillo del PLC, el cual, como es bien sabido, está condenado a 20 años de prisión por la acusación de haber cometido graves delitos de corrupción pero goza de libertad condicional por una gracia de los tribunales controlados por los pactistas libero-sandinistas.
A lo que no tienen derecho —y más bien constituye un abuso de los pactistas— es a hablar en nombre de todos los nicaragüenses; y mucho menos que tengan autoridad política ni moral para pretender que ellos son “los verdaderos hijos de Nicaragua”, como se dice en el comunicado del PLC contra Estados Unidos por las mencionadas declaraciones del Subsecretario Zoellick.
En realidad, no tememos equivocarnos al asegurar que son muchos los nicaragüenses que están de acuerdo con las expresiones de Zoellick sobre Alemán y Daniel Ortega Saavedra. Inclusive no pocas personas celebran esas expresiones porque las consideran como una muestra de solidaridad con quienes luchan en Nicaragua contra el pacto, la corrupción y la dictadura bicéfala libero-sandinista. Y muchas otras personas, aunque no les gusta que un funcionario extranjero se inmiscuya en la política doméstica de Nicaragua, sin embargo comparten la caracterización de Arnoldo Alemán y Daniel Ortega que hizo el subsecretario Zoellick en nombre del Gobierno de Estados Unidos.
Lo que ofende a la dignidad de la nación es que se invoquen los principios de soberanía nacional y patriotismo para encubrir y defender a los corruptos. Nada en común tiene un empresario, un profesional o un trabajador manual que labora largas jornadas para ganar honradamente el sustento diario, con el sujeto corrupto que saquea las arcas del Estado y ni siquiera invierte en el mismo país el producto de su robo, sino que lo pone a buen recaudo en bancos y otros negocios de Costa Rica, Panamá, Estados Unidos, Europa y hasta en el Golfo Pérsico.
Los corruptos no tienen patria. Son delincuentes internacionales y parias de la humanidad. Así los considera —aunque no lo diga expresamente— la Convención Internacional contra la Corrupción que aprobó la Organización de Naciones Unidas (ONU) a fines del año 2003.
De acuerdo con lo que se dice en esa Convención y lo que señaló el Secretario General de la ONU, Kofi Annan, con motivo de su aprobación hace un par de años, la corrupción es “una plaga perniciosa de grandes efectos corrosivos en las sociedades, (porque) mina la democracia y el imperio de la ley, (y) conduce a la violación de los derechos humanos… distorsiona los mercados, erosiona la calidad de vida y permite el florecimiento del crimen organizado, el terrorismo y otras amenazas a la humanidad”.
Cabe señalar que la Convención Internacional de la ONU contra la corrupción especifica los delitos de soborno, malversación de caudales públicos, enriquecimiento ilícito, blanqueo de dinero, encubrimiento u obstrucción a la justicia, etc. Y compromete a la comunidad internacional a unir esfuerzos en la lucha contra esta terrible amenaza a la humanidad que representan la corrupción y los corruptos.
De manera que lo dicho por el subsecretario Zoellick sobre Arnoldo Alemán se ajusta a los principios y objetivos de la Convención Internacional de la ONU contra la corrupción. Y estuvo muy bien que lo dijera precisamente aquí, en Nicaragua.