Hormonas al 100 en casa

Descubrir que sus hijos perdieron la virginidad siendo aún adolescentes es una sorpresa nada agradable.Ante lo irreparable sepa cómo reaccionar «Me he enterado de que mi hija ya no es virgen”. “Encontré a mi hijo teniendo relaciones sexuales en la casa”. ¡Qué escándalo! Y ahora, ¿qué hago? Seguramente para muchas madres y padres de familia, […]

  • Descubrir que sus hijos perdieron la virginidad siendo aún adolescentes es una sorpresa nada agradable.Ante lo irreparable sepa cómo reaccionar

«Me he enterado de que mi hija ya no es virgen”. “Encontré a mi hijo teniendo relaciones sexuales en la casa”. ¡Qué escándalo! Y ahora, ¿qué hago? Seguramente para muchas madres y padres de familia, hacerse esa pregunta sería la reacción común ante una situación así.

¿Qué hacer con tantas hormonas sueltas y alborotadas en la casa? Lo ideal es que los muchachos entraran a la adolescencia muy bien orientados sobre la sexualidad y así seguramente no habría problemas de este tipo.

Sin embargo, la mayoría de los jóvenes no cuenta con la información adecuada sobre el tema, en parte, porque “los humanos adolecemos de conocimientos sobre nuestra sexualidad y los padres no tenemos insumos para orientar a nuestros hijos”, concluye la sicoterapeuta Gioconda Cajina.

Enterarse de que un hijo o una hija está sosteniendo relaciones sexuales con su novia o novio es algo grave, un impacto muy serio tanto para los hijos como para los padres, dice la sicóloga clínica, Eudilia Molina.

Pero escandalizarse, reprochar a los muchachos, tomar medidas represivas o culparlos sería también un grave error. “Lo correcto es asumir la responsabilidad y dividirse las culpas, porque tanta culpa tienen los hijos por no controlar sus impulsos como tienen los padres por no haber sabido manejar la comunicación con los muchachos”, señala.

Los padres deben autoanalizarse y entender que lo que está pasando probablemente sea producto de la falta de tiempo que los padres tienen para conocer a sus hijos.

Su consejo es sentarse con el muchacho o la muchacha a conversar francamente sobre el asunto; preguntarles qué saben del sexo, si se están protegiendo; empezar a orientarlos, evitar que el error que han cometido termine en un aborto, un embarazo no deseado o una enfermedad venérea.

“El sexo es respeto hacia la otra persona y hacia mí. No se trata sólo de una penetración, es algo bello que no tiene nombre. Sólo el hombre y la mujer son capaces de hacer un acto tan sublime y tan bello. Es la satisfacción de recibir y dar felicidad y no siempre es lo mismo; aunque se haga todos los días, siempre hay variación y aprendizaje”, indica la especialista.

CONVIVENCIA FAMILIAR

La doctora Cajina indica a los padres de familia que tienen un reto muy grande en la vida, que es la formación de una personalidad sana. En ese sentido, el muchacho y la muchacha deben aprender, en el seno familiar, el respeto hacia sí mismos y hacia los demás, conocer los límites, dominar los aspectos físicos, sicológicos y espirituales.

Considera que la sexualidad se va formando a través de esa convivencia diaria entre los miembros de la familia en la que se trazan normas de convivencia. Entre esas normas menciona el cómo deben estar los hijos en la casa, si les permite andar desnudos, si duermen en los mismos cuartos y camas, etc.

“¿Cómo es que se va a lograr que la persona pueda mantener el control de sus impulsos si las condiciones físicas no son apropiadas, si están invadidas de imágenes o de vocabulario sexista? De esa manera, la mente va a tener más dificultad de control de los impulsos”, reflexiona.

Los muchachos salen de sus casas con experiencias que forman o deforman la conducta social ciudadana respetuosa. “Un muchacho que no fue respetado considera que no tiene porqué respetar, si no cree en sus padres mucho menos en los maestros”, ejemplifica y añade que “la base en la que se construye la moral es el respeto a la intimidad sexual de un niño”.

¡CUIDADO!

La sicóloga advierte a los padres de familia, que deben tener cuidado con los mensajes no verbales que podrían enviar a sus hijos y que podrían tener un efecto negativo.

Algunos padres de familia que desean ser un modelo ante sus hijos y se muestran cariñosos, besándose y abrazándose de una manera demasiado apasionada, pueden causar daños, porque “los hijos pueden sentirse motivados a apetitos sexuales cuando los padres son muy demostrativos o puertas abiertas”.

En este sentido, la privacidad es muy importante ya que ver, oír o hablar en un lenguaje erótico despierta los impulsos sexuales. Aclara que está bien que los padres se muestren cariñosos, pero no realizar demostraciones muy provocativas que pudieran fomentar pasiones.

También aconseja no andar desnudos en la casa porque podría traer complicaciones: un cuerpo desnudo produce impulsos, pero esos impulsos se reprimen porque se trata del cuerpo de la mamá o del papá y “las represiones sexuales van a producir múltiples enfermedades sicológicas o de tipo sexual”.

DESDE EL NACIMIENTO

Los especialistas coinciden en que lo ideal sería que los adolescentes sean iniciados y educados en el sexo en el colegio y en el hogar, de una manera adecuada, pero lamentablemente sucede a través de amigos, la televisión, el Internet o la pornografía y “ahí radica el principal problema” de los adolescentes con la sexualidad.

Molina explica que la educación sexual en la familia se debe dar desde el momento mismo del nacimiento. “Las madres deben dejar de ver y hablar de la sexualidad como algo prohibido o tabú, los muchachos deben aprender a ver su sexualidad como algo natural”, dice.

Cajina explica que según estudios en los adolescentes, los varones han confesado que sus primeras relaciones son por curiosidad, mientras que las mujeres dice que por amor. “Cuando lo hacen por curiosidad, indica falta de conocimiento, ignorancia”, lo cual nos está diciendo que los jóvenes no tienen información adecuada.

LA VIRGINIDAD

Haber construido el mito de la virginidad ha traído consecuencias en daños sicológicos, sobre todo a las mujeres porque tienen un síntoma de baja auto- estima, un sentimiento de pérdida y depresión porque creen que perdieron lo más importante de su vida.

Las jóvenes deben entender que no es correcto tener relaciones sexuales en su adolescencia, no por conservar su virginidad, sino porque el “Yo” se construye poco a poco y hay un cálculo aproximado que a los 18 años están completas las etapas del “Yo”, que son confianza, autonomía, industria y la identidad.

“Si las etapas anteriores se completaron y se formaron adecuadamente, entran a la adolescencia bastante seguros de sí mismos, pero si quedó la desconfianza, la dependencia, la inseguridad por procesos sicológicos que no pudieron completarse, llegan a la adolescencia con serias dudas, resentimientos y, sobre todo, la inseguridad en sí mismos”, explica.

“Llegar a la relación sexual, a un acto íntimo con toda esa inseguridad, afecta grandemente el “Yo” y en esos casos, el trastorno de personalidad es muy frecuente”, añade.

Molina considera que la virginidad se debe inculcar como valor de la sexualidad, pero no tiene que ser la visión de no hacerlo para llegar virgen al matrimonio sino que la muchacha debe conocer, valorar y respetar su cuerpo.

Añade que las niñas y adolescentes no deben tener relaciones sexuales, porque se da un proceso que afecta su cuerpo, el cual ya no se desarrolla de forma natural, biológica, física y síquicamente.

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