La bandera nacional en el Mes de la Patria

René Gutiérrez Corté[email protected]

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La bandera nacional en el Mes de la Patria


René Gutiérrez Cortés
[email protected]




Soy devoto de nuestra bandera desde que era niño. En casa mi padre nos inculcó quererla, admirarla y respetarla. Recuerdo que la hacía ondear en la ventana de nuestra casa todos los años en septiembre, al acercarse las Fiestas Patrias. La colocación de la bandera para nosotros era toda una ocasión emocionante, casi comparable con la instalación del árbol de Navidad cada diciembre.

Ya adulto, traté de transmitirles esta devoción a mis hijos, con quienes cuando eran menores también hacía la ceremonia de instalación de la bandera.

En general noto que nuestros conciudadanos no sienten tal cariño por nuestro pendón bicolor y comparo con otros países, como México por ejemplo, donde sus ciudadanos no tienen que ser estimulados para darle cabida y despliegue a su bandera. Ustedes lo pueden notar que en México, por todas partes y en distintas épocas del año, la bandera mexicana está desplegada y volando con majestuosidad, en plazas, edificios y hogares. Los que tienen costumbre de ver la TV mejicana pueden observar cómo al sólo iniciar el mes de septiembre, las televisoras mexicanas se engalanan con sus colores patrios y sus escenarios, y estudios de espectáculos y de noticieros están debidamente embanderados. Ya no dijéramos sus calles y el Zócalo. Lo pueden comprobar en este momento.

Lamentablemente no es así en nuestro país. Desde el comiendo del mes de septiembre se notó la ausencia de nuestro pabellón en el asta monumental de la Loma de Tiscapa, la que pasa sin bandera la mayor parte del año.

Y lo triste es que nadie reclama esto. Ni los diarios, ni radios, ni noticieros nacionales de la TV. En realidad el público en general no nota su ausencia y ni le hace falta.

Hace unos días por ejemplo, estuve en el Aeropuerto y a pesar de lo nuevo y vistoso del edificio, cuya segunda etapa están por inaugurar, no vi ni una sola bandera en el estacionamiento, ni en las salas públicas y de espera, ni en los carruseles de equipaje, ni en la salida de Aduanas.

Por algún motivo el sistema educativo que ha prevalecido en Nicaragua desde hace algún tiempo no ha estimulado esta tradición de honrar la bandera, salvo durante el propio Día de la Independencia Nacional, pero muy de pasadita.

No se logra motivar en forma continua tal devoción en nuestros hogares y por eso la mayoría de los nicaragüenses carece de esta cultura de veneración y orgullo por nuestra bandera. Es algo casi genético en nuestra idiosincrasia, salvo algunas excepciones.

Para ilustrar mi inquietud al respecto, me permito relatar la siguiente anécdota.

Hacia el fin de la administración Alemán, frente a Casa Presidencial se instaló un asta de bandera de esas gigantescas, que llaman “monumentales”, la que la mayor parte del tiempo ustedes pueden observar se encuentra sin bandera, al igual que la de la Loma de Tiscapa.

Hace un par de años, durante el Mes de la Patria, el asta pasó sin bandera durante casi todo el mes. El colmo es que en los propios días de las Fiestas Patrias, la Bandera en el Asta Presidencial brilló por su ausencia, al igual que en estos días.

Me inquietó mucho esta situación así como el hecho que muchas personas no lo hubiera notado. Incluso que los periodistas, que en nuestro medio son muy inquisitivos para las notas negativas, tampoco lo criticaran.

Inquieto por esta situación invité a dar una vuelta por el sitio a un amigo quien se preocupa por estar presente y participar en los hechos de interés en la vida nacional. Al llegar cerca de la Plaza de la República le hice notar la gran ausencia de nuestra bandera en una fecha tan importante. Le comenté que cómo era posible que tal situación pasara inadvertida, no incomodara a nadie, ni al público en general, ni a los medios noticiosos para hacer el correspondiente llamado de atención.

Muy orondamente, mi amigo a pesar de su disposición por los asuntos de interés nacional, me respondió: “Para serte franco, a mí tampoco me incomoda la ausencia de la Bandera…” En realidad tal vez es legítimo el sentimiento que no nos haga falta, porque a la mayoría de los nicaragüenses no nos han enseñado a quererla. Como dije antes, hay excepciones.

Hoy en día, se ha desatado una especie de onda de andar con su banderita luciéndola en las ventanas de automóviles y vehículos de transporte.

Pero la motivación, aunque bien intencionada, no es patriótica. En el fondo es de índole político. Hasta hay anuncios en la radio donde le dicen al público que ponga su bandera para repudiar al pacto o la corrupción. Aunque la intención es buena, el propósito no es por causas necesariamente ligadas al amor a la bandera.

Hasta humorísticamente han llegado a dar las normas políticas para desplegar la bandera en los autos así:

1. Si repudiás el pacto y la corrupción, pero sin afiliación política definida, sólo luce la bandera de Nicaragua. 2. Si “vas con Eduardo”, usá la bandera nacional, más la del PLC. 3. Si tu favorito es Herty, entonces además de la azul y blanco andá con la roja y negra. 4. Si sos partidario de Arnoldo, sólo usá la roja sin mancha, o si sos furibundo danielista, ahora unido en “santo matrimonio”, lucí la rojinegra, únicamente.

Total, el lucimiento y despliegue de la bandera que en los días recientes ha mostrado la ciudadanía es sólo por motivos políticos, impulsada también en cierto modo por algún interés comercial de los que las distribuyen y venden.

Lo bueno es que la campaña en algo ha calado en el público, pues al iniciarse la “moda” hace un par de meses, hice un conteo rápido y más o menos uno de cada veinte automóviles lucían la bandera. Hoy en día ha decrecido un tanto tal proporción.

Al comenzar el mes de septiembre resurgió la venta de banderas en los semáforos, incluso de tamaños mayores, como para instalarse en casa. Pero no se les vio instaladas en los hogares.

Bueno, yo como lo acostumbro todos los años la instalé en casa, mi oficina y en mi escritorio, pero eso sí, no la llevaré en mi auto.

Ojalá que aunque iniciada por otras motivaciones, la costumbre de desplegar nuestra bandera se arraigue y perdure…

Salve a ti Nicaragua, en tu suelo.

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