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El diálogo de la Unica
El FSLN y el PLC convocaron al Poder Ejecutivo para reanudar el diálogo tripartito, hoy por la tarde en la Universidad Católica de Nicaragua (Unica), y según dijeron líderes de ambos partidos el objetivo es resolver los graves problemas que está sufriendo el país, en particular la crisis energética.
Para alguien que desconozca la sinuosidad política de Nicaragua, esta convocatoria del FSLN y el PLC al diálogo con el Gobierno le podría parecer admirable y digna de encomio. En realidad, como lo han explicado tantas veces los analistas políticos, el diálogo es lo que determina la calidad de civilizada y democrática de una sociedad. La misma palabra diálogo significa “razonar entre varios”. Y quien va a una reunión de razonamiento entre personas que tienen puntos de vista distintos sobre los mismos problemas, con sólo asistir al diálogo ya está reconociendo que sus argumentos y propuestas son insuficientes y que, por lo tanto, necesita del otro o los otros para buscar y encontrar juntos la verdad, o al menos para alcanzar el justo medio de una solución mutuamente satisfactoria. Por eso, precisamente, es que al diálogo se le reconoce como base de la convivencia democrática.
Sin embargo el diálogo se desnaturaliza y hasta se convierte en algo más bien dañino, cuando se abusa de él y se le utiliza para fines indebidos e ilegítimos. Lo cual ha ocurrido con frecuencia en Nicaragua, donde el diálogo se ha utilizado como recurso para encubrir componendas o pactos de repartición de prebendas y aprovechamiento del erario, lo mismo que para partidarizar las instituciones del Estado y desmoralizar a la sociedad.
En el caso del diálogo tripartito de la Unica, el Presidente de la República se abstuvo de seguir participando en él debido a que desde que arrancó en enero del presente año, el FSLN y el PLC no cumplieron los primeros y únicos acuerdos que se tomaron sobre las reformas constitucionales, y el testigo y garante no denunció el incumplimiento. De manera que el diálogo tripartito de la Unica se desacreditó, y ahora, para convencer a la gente de que en realidad quieren dialogar por el bien de la nación, los partidos mayoritarios tendrían que aceptar que se haga un verdadero diálogo nacional.
En primer lugar, habría que sacar el diálogo de la sede de la Unica y llevarlo a un lugar que todas las partes perciban como neutral (las instalaciones de la OEA o la ONU, por ejemplo). Además, como han propuesto diversas personalidades independientes y representantes de la sociedad civil, se tendría que designar a otro u otros testigos y garantes que compartan esta delicada responsabilidad con el cardenal Miguel Obando. De igual modo, se tendría que ampliar la representación política y social para que sea un verdadero diálogo nacional, así como elaborar una agenda de interés para toda la nación, definir el método para la toma de decisiones y la ejecución de los acuerdos, y comprometerse solemnemente a cumplirlos.
La crisis política e institucional que sufre actualmente el país se podría aliviar, sin duda, con sólo que sus principales autores y actores —FSLN y PLC— decidieran dejar en stand-by las reformas constitucionales en lo que resta del actual período de gobierno; respetar el período constitucional del Presidente de la República y las atribuciones con las que fue elegido por el pueblo; y engavetar los dictámenes para el desafuero del Primer Mandatario de la nación y sus ministros.
Y para resolverla en el diálogo nacional, se dejaría la decisión acerca de que si las próximas elecciones se pudieran aprovechar como referendo popular para ratificar o rechazar las reformas constitucionales, las cuales han sido y son la manzana de la discordia política y causa de la crisis institucional.
Sin embargo, a la reunión de la Unica de hoy el Gobierno podría o debería asistir, aunque no el Presidente de la República sino una representación gubernamental de expertos en el tema energético, a fin de discutir sobre este apremiante problema y poner en claro si es cierto o no que los partidos FSLN y PLC tienen voluntad de buscar y encontrar, junto con el Poder Ejecutivo, una solución de interés nacional.
Si los líderes del FSLN y el PLC aceptaran esto demostrarían que en verdad quieren resolver los problemas nacionales por medio del diálogo, y no emboscar y someter al Presidente de la República, como éste lo teme con toda razón considerando lo que ha ocurrido con el diálogo de la Unica.