Hugo Ramón García
“No sabía que al pie de tus mujeres, la luz es una sombra, una sombra descalza que entra sin pasaporte por los ojos para buscar asilo en tus pestañas”. (Dr. Jorge Robledo Ortiz, Embajador de Colombia en Nicaragua en el año 1964).
Nicaragua es una República que asienta su dignidad en el patriotismo que distingue, léase bien, a sus buenos hijos, y por eso vive en el corazón de quienes la saben valorar. La historia recoge evidencias claras de un glorioso pasado para enriquecer el espíritu y la conciencia de cuantas generaciones desfilan por el tiempo, y dan mérito a quienes con el aporte de su sangre dieron el testimonio de su coraje para que la soberanía nacional no sea mancillada por extrañas potencias, y el injerencismo de políticas dominantes no haga de Nicaragua una colonia.
Por ese patriotismo se alzaron en armas muchos nicaragüenses en San Jacinto, entre ellos Juan Gómez, originario del municipio de Palacagüina, departamento de Madriz, según lo dejó escrito en sus memorias el consagrado tribuno e historiador segoviano, y hombre de leyes doctor Emilio Gutiérrez Gutiérrez, quien en sus formidables anotaciones destaca el coraje, y la disciplina de este bravo luchador que se fue de su amada provincia para atender las necesidades de su Patria; de la Nicaragua que se sentía atropellada y humillada en su integridad territorial.
En aquella mañana del 14 de septiembre de 1856, los combatientes de San Jacinto comandados por el general José Dolores Estrada, y el coronel jinotegano Patricio Centeno, demostraron al igual que Andrés Castro, lo que significa el nicaragüense cuando lo motiva una causa para defender a su Patria; a esta nación que es la representación misma de las más puras convicciones por donde se orienta y se dirige el buen ciudadano. La hazaña de San Jacinto por encima de sus corrales de piedra, es una lección de auténtico nacionalismo que jamás puede ser trasladado a planos secundarios, ya que ella es una inspiración permanente para que siempre tomando como iniciativa nuestros propios ideales sepamos responderle a la Patria haciendo a un lado mezquinas voluntades que en nada contribuyen a su desarrollo histórico.
Nicaragua es de todos porque de ella venimos. Es la nación que está destinada para ser libre, porque por esa libertad dieron sus vidas nuestros antepasados; los nicaragüenses que se inmolaron teniendo como brújula el pabellón nacional que es el distintivo de la nacionalidad pinolera. Hoy, entre la aurora de un nuevo amanecer, la Patria viste con los colores de su bandera, y de su cielo, celebrando el ciento cuarenta y nueve aniversario de la gloriosa Batalla de San Jacinto, y nos ofrece cual referencia de sus encantos el paisaje de sus atardeceres; el talento creativo de sus poetas y escritores; la fecunda inteligencia de sus compositores cantándoles bajo la luz de la luna a sus dulces prometidas; la entrega abnegada del maestro formando a las presentes generaciones; la humanista vocación de la enfermera que en el cumplimiento de sus turnos pone el alivio a los dolores del paciente devolviéndole una salud promisoria; la diligencia profesional del abogado honesto que trabaja por la justicia; la responsabilidad laboral del funcionamiento competente que se ajusta a sus deberes y obligaciones; y la entrañable función de la madre velando por sus hijos.
Eres asimismo la Nicaragua inmensa y alegre. El pedazo de tierra que Dios con su proyecto infinito te hizo con su eterno sabiduría. La nación que con sus paisajes nos motiva para quererla más, y nunca abandonarla porque de sus entrañas procedemos. Eres la Nicaragua incomparable bella igual como una doncella mostrando su alma virgen, tan blanca como un lirio de la mañana que nace a la orilla de la ribera para ofrecérselo a la novia prometida, o a la amiga verdadera y fiel que nos ofrece sus afectos, ya que consideramos que la amistad misma es un sentimiento que se profundiza a medida que los sabemos comprender, valorar y cultivar.
¿Por qué no decirte que entre las escogidas como Patria y como nación, la predilecta eres tú, si tú sos por excelencia la Nicaragua de mis sueños; la Patria donde los mejores poetas del habla hispana te han cantado al pie de tu bandera, como te cantó Jorge Robledo Ortiz, “el Embajador itinerante de Colombia” con aquellas palabras muy propias de un viajero enamorado que en un tiempo estuvo en tu suelo y se sintió motivado cuando recorrió de extremo a extremo tu sacrosanto territorio, y con el talento de su verbo exaltó tus grandezas?
En este nuevo aniversario de San Jacinto, donde se ratificó el concepto de Patria, invocamos para Nicaragua, y los nicaragüenses, una verdadera paz social con carácter permanente, y estable, de manera que los derechos de unos, sean respetados por los otros, para que podamos construir una sociedad humanista, libre de odios, y de rencores.
El autor es periodista de Somoto.