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Ejército y defensa de la democracia
El Ejército de Nicaragua, que fue fundado en 1979 con el nombre de Ejército Popular Sandinista (EPS), celebra hoy el 26 aniversario de su fundación. Este Ejército nació de una revolución popular de orientación socialista, al calor y euforia de una victoria militar sobre la Guardia Nacional somocista, como cuerpo armado al servicio de un partido —el Frente Sandinista— y ante todo de una autoproclamada “vanguardia revolucionaria” —la Dirección Nacional del FSLN—, como parte de un proyecto totalitario de fusión y confusión Partido-Ejército-Estado.
Pero la vida demostró que aquel proyecto totalitario era anormal e inviable. Se derrumbó en la Unión Soviética, en Europa Oriental y en Nicaragua. Y si algunos pocos Estados comunistas pudieron sobrevivir de manera aislada al naufragio universal del comunismo, como Cuba, esto es un designio de la historia para recordarle a la humanidad los horrores y perversidades de ese sistema que nunca más debe renacer.
En Nicaragua, con el advenimiento de la democracia —independientemente de todos los defectos que ésta tenga y de las distorsiones que le causan la corrupción y las conspiraciones de algunos “demócratas” y revolucionarios— desapareció el poder político basado en la fusión Partido-Ejército-Estado. Y de aquel fracasado Estado totalitario sólo sobrevivieron las dos instituciones armadas: el Ejército y la Policía.
Pero ambas instituciones evolucionaron, se profesionalizaron, dejaron de ser instrumentos de un partido totalitario y se convirtieron en órganos respetables del Estado democrático. Inclusive se cambiaron el nombre de connotación partidista; renunciaron a llamarse Ejército Popular Sandinista (EPS) y Policía Sandinista (PS) y pasaron a denominarse Ejército de Nicaragua y Policía Nacional, que desde 1995 son sus nombres constitucionales.
El Diario LA PRENSA, que siempre ha sido civilista de manera integral y por lo tanto ha abogado por la desaparición del Ejército y por la existencia sólo de una Policía multifuncional, fuerte y profesional, sometida rigurosamente a la autoridad civil, es también política e intelectualmente honesta. Por eso reconoce la transformación positiva experimentada por las fuerzas armadas de Nicaragua. Y nos satisface reconocerlo, porque consideramos que la institucionalización y profesionalización de las fuerzas armas es un triunfo de la democracia, sin restarle mérito al esfuerzo institucional y personal que han hecho los mismos militares.
En este contexto, la semana pasada el comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, general Omar Halleslevens, acompañado por el jefe del Estado Mayor, el Inspector General y otros altos mandos militares, fueron recibidos por el Consejo Editorial de LA PRENSA. Ésta fue una reunión histórica, sin precedente en la historia nacional, mediante la cual demostramos nuestro reconocimiento a la transformación positiva experimentada por el Ejército, que ayer fue de los sandinistas y hoy es de Nicaragua; y los mandos militares manifestaron su identificación con los valores de la democracia y su respeto al civilismo a la vigencia irrestricta de la libertad, incluyendo por supuesto la libertad de expresión y de información.
En realidad, el desarrollo histórico después de la caída del totalitarismo comunista ha demostrado que si bien algunos países —como Panamá y Haití— lograron abolir el ejército, ésta es una institución que juega un papel muy importante, inclusive determinante, para responder a los nuevos desafíos y amenazas —y algunos viejos con nuevas modalidades— planteados a la humanidad: el narcotráfico y otras formas del crimen organizado, el terrorismo, etc.
En la situación actual de Nicaragua, el apego del Ejército a los principios de su institucionalidad, su respeto incondicional a la letra y el espíritu de la Constitución, es clave para ayudar a resolver democráticamente la crisis política que sufre el país. Los pactistas pretenden someter o derrocar al gobierno legítimamente constituido por medio de resoluciones judiciales y dictados legislativos arbitrarios y pseudolegales. Quieren utilizar a la Policía y el Ejército como instrumentos represivos para obligar al Presidente de la República y a la sociedad a someterse a aceptar una nueva dictadura .
Ésta es una prueba de fuego para el Ejército de Nicaragua (y la Policía Nacional), pero nosotros confiamos en que tanto el Ejército como la Policía rechazarán las maniobras conspirativas de los pactitas yy que se mantendrán fieles a la Constitución, obedientes al Presidente de la República y respetuosos de la institucionalidad democrática del país. ¿Qué mejor tributo que ése podrían hacer las fuerzas armadas al 26 aniversario de su fundación?