¿Elección a cuatro bandas?

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¿Elección a cuatro bandas?





Con el lanzamiento oficial de su candidatura presidencial por parte del MRS (un pequeño partido sandinista escindido del FSLN), el ex alcalde sandinista de Managua Herty Lewites aseguró que las elecciones nacionales del próximo año serán “a cuatro bandas”, a diferencia de las anteriores que fueron sólo a dos bandas.

Algunos analistas políticos coinciden con Lewites en que la irrupción de esta candidatura disidente del FSLN, así como la de Eduardo Montealegre en el ámbito del PLC, plantea el montaje de un escenario para las elecciones del 5 de noviembre del 2006 con un menú de cuatro platos políticos: 1) La derecha tradicional corrupta, representada por el PLC arnoldista; 2) La izquierda tradicional corrupta, representada por el FSLN orteguista; 3) La derecha moderna, representada por Eduardo Montealegre y por el partido o la alianza que sustente su candidatura presidencial; y, 4) la nueva izquierda democrática representada por Herty Lewites y los partidos (Movimiento de Renovación Sandinista y Alternativa Cristiana) que proclaman su candidatura.

En realidad, es probable que el próximo escenario electoral se constituya con esas cuatro opciones fundamentales, si es que los pactistas no eliminan las candidaturas de Lewites y Montealegre. Pero si éstos logran participar en la competencia del 5 de noviembre del 2006, serían acompañados por otras propuestas electorales aunque de menor significación.

De hecho, no es cierto que sólo hasta ahora habría la posibilidad de escoger entre más candidatos que los del FSLN y el PLC. Ni siquiera en la elección plebiscitaria de 1990, cuando las principales fuerzas democráticas y antisandinistas (de derecha, de centro y de izquierda) se unieron para derrotar al régimen pro-castrista del FSLN, hubo únicamente dos opciones electorales. En aquella ocasión, al lado de la UNO y el FSLN se inscribieron las candidaturas de ocho partidos de distintas denominaciones y colores, de modo que la elección fue realmente entre 10, aunque la abrumadora mayoría de los electores sufragó por las dos principales: UNO y FSLN.

En las siguientes elecciones nacionales, celebradas en noviembre de 1996, ocurrió lo que unos llamaron la explosión del pluripartidismo y otros el fenómeno de dispersión partidista más grande de toda la historia política del país, pues un total de 36 partidos y alianzas de partidos concurrieron a aquel certamen electoral; en el cual, lo mismo que en 1990, por lo menos un 90 por ciento del electorado volvió a votar por las dos propuestas mayoritarias: FSLN y PLC.

Posteriormente, en las elecciones del año 2001, el espectro de la participación electoral se redujo drásticamente como consecuencia de la devastadora votación contra el pluripartidismo y la dispersión política partidista, que hubo en las elecciones nacionales anteriores. De manera que noviembre del 2001 “sólo” hubo cuatro partidos y candidatos presidenciales disputándose la Presidencia de la República y los escaños legislativos, pues además de los dos partidos mayoritarios, PLC y FSLN, otros dos partidos pudieron competir venciendo los obstáculos pactistas.

Se dice que la diversidad anterior de ofertas electorales no tuvo ninguna importancia, porque prácticamente todos los partidos que se enfrentaron a las dos maquinarias mayoritarias carecían de capacidad competitiva; y que ahora, la gran diferencia consiste en que Herty Lewites y Eduardo Montealegre sí tienen un considerable respaldo popular, mayor aún que el de cualquier candidato que quieran proponer el FSLN y el PLC, incluyendo a sus “caudillos”, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.

Esto último es cierto, sin dudas, pero el hecho histórico, real y objetivo es que la ciudadanía nicaragüense tuvo más de dos opciones para escoger en las últimas tres elecciones nacionales, pero en su enorme mayoría despreció a mejores candidatos y prefirió comprometer su voto con los dos partidos oligárquicos tradicionales: el FSLN y el PLC.

De manera que ahora el reto fundamental que tienen ante sí Herty Lewites y Eduardo Montealegre para competir exitosamente en noviembre del próximo año, no es sólo evitar la eliminación de sus candidaturas por parte de los pactistas; tienen también que vencer una tendencia que pareciera haberse convertido en hábito de la mayoría de los electores nicaragüenses, que es la de votar de manera polarizada sólo para evitar que gane el uno o el otro, y no para escoger lo que sea mejor para ellos mismos.

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