- En la sala de urgencias del Hospital Lenín Fonseca no hay un ventilador
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Médicos, enfermeras, suero y vendas es lo que había ayer en la sala de emergencia del Hospital Lenín Fonseca, cuyos pasillos se veían atestados por una masa de gente que padecía toda clase de dolencias.
La lista de lo que no había es extensa. Hacen falta antibióticos para urgencias gástricas, hilo de nylon, que es el adecuado para suturar heridas en la cara, mariposas o bránulas (las únicas que hay son gruesas y maltratan el brazo de un niño o de una mujer).
Vinicio Trejos, originario de Los Cedros, comunidad ubicada en el kilómetro 40 de la carretera Vieja a León, tuvo que salir a comprar dos ampollas de buscapina compuesta que le costaron 84 córdobas. “Me dijeron que no había y mi esposa venía con vómitos y calentura”, explicó.
NADA NUEVO
“Ese no es un problema nuevo”, dijo una enfermera que omitió su nombre por temor a represalias. Comentó que en esta sala de urgencias desde “hace siglos” no existe un ventilador, una máquina que se necesita para dar oxígeno a pacientes que ingresan inconscientes.
“Aquí sólo hay médicos y suero”, dijo uno de los médicos de turno. En el turno había dos galenos, tres enfermeras y auxiliares y dos internos, quienes para darse abasto hacían esperar su buen rato a los pacientes. Trejos dijo que había llevado a su esposa Paula Rostrán, a eso de las nueve de la mañana y consiguió atención horas después. A las tres de la tarde, Trejos, aún no sabía cuál era el diagnóstico de su compañera.
“Llevo más de una hora aquí y mire, a ninguna de las dos que traje han atendido”, se quejó Blandón. A la par de ella estaban una anciana con problemas de presión y una muchacha que estaba en espera de hacerse unos exámenes de orina, los cuales no sabía si debería de pagarlos o no.
Entre las siete de la mañana y las tres de la tarde, por los pasillos de emergencia habían pasado unas 80 personas.
“Hoy ha venido demasiada gente”, comentó la doctora Marlen Molina. Gran parte de los que entraron por emergencia eran borrachos.
“Yo no sé, parece que la Policía no hace nada”, reclamó una enfermera.
ESPERAN ATENCIÓN
Aunque el desabastecimiento de medicamentos y materiales no es un asunto nuevo en los hospitales de capital, la población no termina de acostumbrarse. “Uno espera que lo atiendan y le ayuden, pero esto es pésimo”, renegó María Sujey Blandón, originaria del capitalino barrio Dinamarca.
Aparatos como el electrocardiograma está sin papel, y ayer para remate del personal, se suspendió el servicio eléctrico por unas seis horas, por lo cual en algunos casos, la falta del fluido eléctrico retrasó la atención.