José Esteban González R.*[email protected]
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Un solo pueblo, un mismo destino
José Esteban González R.*
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Nadie puede discutir la unidad profunda del pueblo nicaragüense cuya riqueza se manifiesta en la diversidad de sus etnias y lenguas.
En Nicaragua, negros y blancos, rubios y morenos, chinos y árabes, indígenas, mestizos y europeos, nos entremezclamos con una naturalidad perfecta. Entre nosotros no hay razas mejores que otras y nuestra sangre es invariablemente roja. El único abolengo tradicionalmente reconocido —y así debe seguir siendo— es el ligado al esfuerzo personal y al trabajo honesto. El llamar “negro”, “chino”, “turco” o “indio” a alguien no es un epíteto discriminatorio ni de desprecio sino de amistad, confianza y cariño.
Para bien o para mal, vamos recorriendo la historia como pasajeros de un mismo barco. No tenemos opción, salvo que decidiéramos renunciar a nuestra nicaraguanidad. Lo que sí podemos es escoger entre conducir el barco, como forjadores de nuestro destino, o dejarnos arrastrar irresponsablemente por la corriente. Por eso es absolutamente vital que asumamos la responsabilidad de escoger nuestra meta y la ruta para alcanzarla.
A fin de hacer de Nicaragua un país mejor para todos —en paz, estable, próspero— sólo hay un camino que es arrebatar las riendas del poder político de las manos de quienes lo han monopolizado hasta el presente. Hay una razón para ello: han gobernado a Nicaragua demostrando ya sea una monumental incompetencia, una terrible miopía, una corrupción desmedida o las tres cosas juntas.
Nicaragua no puede seguir desperdiciando energías, recursos y tiempo. Nuestro país necesita un gobierno substancialmente diferente de los que hasta ahora ha tenido: un gobierno que impulse un programa que priorice claramente lo social y que sepa gobernar con coherencia, eficacia y transparencia, sin ceder ante amenazas o presiones de grupos egoístas y voraces.
Esto no lo puede lograr aisladamente ningún partido por separado ni alianzas parciales pero sí puede surgir de la unión de partidos y movimientos de diverso tamaño, pero todos grandes en honestidad y patriotismo, porque el resultado de su fusión sería, en términos cuantitativos y cualitativos, considerablemente mayor que la suma de las partes. Por consiguiente, la única alternativa responsable y realista es que los partidos democráticos serios decidan unirse en una gran alianza y que vayan a las elecciones con un solo candidato, escogido en forma absolutamente democrática y transparente, en una casilla determinada por consenso. No parece haber llegado todavía el momento de tomar esta decisión. Mientras llega ese momento, es sano para ejercitarnos en el juego democrático el que los diversos precandidatos se vayan inclinando hacia la casilla de su preferencia. Esto sirve de preselección natural y permite ir creando consensos en torno a las casillas que ofrezcan mayores posibilidades y garantías desde todo punto de vista.
Al promover la unidad hacemos lo que nuestro pueblo necesita y reclama. Los dirigentes políticos honestos y responsables tenemos el deber de ofrecer a nuestros militantes la posibilidad de formar parte de una gran alianza en la que todos nos sintamos como en nuestra propia casa. Bajo la bandera multicolor de esa gran alianza podrán también cobijarse con orgullo y entusiasmo, no sólo ese treinta o cuarenta por ciento que no se siente representado por los partidos caudillistas, sino también militantes y votantes del PLC y del FSLN cansados de los incumplimientos y abusos de sus dirigentes.
El surgimiento de esa gran alianza democrática, popular y progresista tendrá como efecto inmediato el sacudir los cimientos de los partidos pactistas y forzarlos a liberarse de caudillos y dirigentes obsoletos y corruptos. Abrirá el camino a una nueva generación de líderes inteligentes y honestos, capaces de negociar con visión de nación un Acuerdo de Estado que establezca reglas del juego claras y estables, imprescindibles para garantizar un futuro próspero para todo nuestro pueblo.
Este espíritu y estos objetivos se resumen en lo siguiente:
Un solo pueblo, un mismo destino, un solo camino para triunfar: ¡unidad, unidad, unidad!
* El autor es fundador de la CPDH, Presidente Nacional del PSC