Ernesto Cuadra P.
Han pasado muchos siglos y los cristianos y el mundo no hemos aprendido la lección magistral del Sermón del Monte, de Nuestro Señor Jesucristo, basado en el Evangelio de Mateo 5:38-48
Destaca su Nueva Ley ante la Ley Vieja (ojo por ojo, diente por diente), y especialmente “no os resistáis, “al que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. La “no resistencia” así llamada, lo que Gregg llamó “la fuerza de la no violencia” es de la mayor pertinencia para nuestros días.
La Ley del Talión es tan antigua que es una reacción natural del ser humano: reacciona con violencia a la violencia, es lo más natural en el ser humano, llámese violencia delito y violencia sanción.
Esta ley estaba ya 2,000 años a.C. en el Código de Hamurabi, un rey babilónico, y funcionaba así: si un médico estaba curando de un ojo a un paciente, y perdía el ojo, había que sacarle el ojo al médico, y lo mismo sucedía con el dentista: si hacía perder el diente a su paciente, había que arrancarle al dentista uno.
Cristo vino a traer una Ley Nueva y es “no resistáis al mal”. Las palabras de Cristo fueron el germen inicial del movimiento de resistencia civil de Mahatma Gandhi, una revolución sin violencia y sin sangre. Es un reproche permanente para occidente y en especial para las iglesias.
Gandhi demostró con su movimiento de resistencia civil que sí es posible obtener una transformación social sin recurrir a la violencia.
Lo convulsionado del país por razones políticas, partidos que han encabezado una ruptura de la sociedad en todos los sentidos quebrando las esperanzas de un pueblo que tiene el derecho a vivir en la democracia que tanto sacrificio y sangre ha costado a nuestro sufrido pueblo.
La marcha llevada a cabo en Managua el 16 de junio por la sociedad civil puede marcar un hito en la historia de Nicaragua. En los momentos que nos está tocando atravesar de inconsistencias legales, corrupción, problemas económicos, políticos, sociales, crisis institucionales, falta de voluntad de diálogo, etc., el pueblo nicaragüense autodenominado cristiano, puede hacer la diferencia.
En la década de los ochenta el pueblo de Nicaragua clamó con angustia para que Dios nos librara de ese mal que dominó al pueblo, y Dios contestó. Luego, cuando vino el tiempo de “prosperidad”, el pueblo olvidó su compromiso con el Señor y volvió a sus andanzas, tal y como sucedía con el pueblo de Israel, vez que pecaba el pueblo Dios retiraba su bendición y a la inversa.
La historia de la Iglesia demuestra que la prosperidad es lo que más daño ha hecho a los pueblos, en cambio la adversidad pule. De ahí el reto: si el pueblo se decide como el profeta Elías retó a la nación de Israel (hoy Nicaragua) 1 reyes 18:21. Hasta cuando claudicaréis entre dos pensamientos. Si Jesucristo es vuestro único señor y salvador de Nicaragua (énfasis mío) seguidle y si no id en pos de Baal.
Hago un llamado urgente a proclamar un día nacional de ayuno y oración en los templos, iglesias, para que Dios retire su sentencia y traiga bendición a la nación. La fuerza de la no violencia puede imperar basado en la Carta Magna de Jesucristo, con sus componentes: la fuerza del amor, y la bondad para traer paz y bendición a nuestro país. Ustedes tienen la respuesta.
El autor es Doctor en Teología.