Las marchas cívicas

María José Zamora

Los y las nicaragüenses tenemos que felicitarnos porque a partir del 10 de enero de este año hemos iniciado una revolución cívica. Las recientes marchas contra el pacto han sido una clara expresión del hastío ciudadano contra las cúpulas de los partidos FSLN y PLC. Sin embargo es preciso recordar que fue el 10 de enero que se organizó la primera marcha cívica, contra la aprobación de las reformas constitucionales y el 12 de mayo los ciudadanos matagalpinos marcharon “Por la paz, la gobernabilidad y el progreso”. Estas marchas no pueden quedar en el olvido porque fueron los pasos previos, la inspiración y ejemplo para organizar las subsiguientes marchas. Creo además muy importante rescatar de éstas, el sentido cívico y patriótico, al llevar todos los participantes una sola bandera: la azul y blanco de Nicaragua.

Al respecto, coincido con el Editorial de LA PRENSA del 21 de julio, cuando dice que: “la lucha de los movimientos cívicos se diferencia sustancialmente de la que libran los partidos políticos, en que aquellos no luchan por conquistar el poder y ejercerlo, y éstos sí” y agrega: “la actividad de los movimientos cívicos excluye la competencia política entre ellos porque no les interesa conquistar el poder, de modo que lo que se exige en este caso es la unidad de propósito y acción entre todos los que persiguen el mismo objetivo”.

Me parece importante señalar que de acuerdo a las encuestas hay una cantidad significativa de nicaragüenses que no pertenecen a ningún partido político y creo que es precisamente en la agrupación cívica donde pueden encontrar eco y cabida a sus intereses. Si se observa la conformación de las dos últimas marchas donde han participado los partidos políticos con sus emblemas, queda demostrado lo anterior; que son más quienes prefieren cobijarse bajo la bandera de la Patria.

La tragedia que vivimos en Nicaragua con el FSLN y el PLC se debe precisamente a esa fidelidad ciega que tienen algunos grupos a un partido y a su líder. Otra sería la historia de los nicaragüenses si los diputados, magistrados, contralores y fiscales amaran a Nicaragua más allá de colores políticos e intereses económicos de cúpula. Hay que inyectarle a los dirigentes y a los partidos políticos en primer lugar, el respeto y el amor a la Patria; para que cuando lleguen al poder trabajen con visión de nación, siempre en beneficio de Nicaragua.

El objetivo de los movimientos cívicos, como Movimiento por Nicaragua, es precisamente devolverle a la ciudadanía su calidad de actores políticos; despertarles un verdadero sentido nacionalista, que trascienda colores partidarios y clases sociales; recuperar la confianza en sí mismos y fomentar la unidad con un objetivo común: salvar a Nicaragua. Una ciudadanía educada en valores cívicos sabrá elegir a los mejores hijos de la Patria para que dirijan al país.

El apego incondicional a un color político es precisamente lo que produce dictadorzuelos como Daniel Ortega, quien erróneamente ha creído que él tiene la potestad de permitir o no las marchas cívicas contra el pacto; o como Arnoldo Alemán que se atreve a decir que “para destruir a los liberales, tendrán que destruir al país”.

La autora es psicóloga.

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