Ana María Ch. de Holmann
“El hombre alcanza su plenitud
en el amor a los demás”.
Sor Maria Romero Meneses, quien amó y confió plenamente en su Rey y en su Reina, pasó toda su vida haciendo el bien a todos; sufriendo con los que sufren, aliviando la pobreza, dando refugio a los abandonados, pequeños y grandes sin buscar otra causa que la de glorificar el nombre de Dios y honrar a su Madre.
Como dice San Lucas en su evangelio: “Dad y se os dará: una medida buena, apretada, colmada, rebosante, será derramada en vuestro seno”. Sor María cumplió generosamente esta palabra evangélica; y ahora constata, en la mansión celestial, cual fiel es el Señor a sus promesas.
Algo que recuerdo con claridad y que se me quedó grabado en mi memoria es la frase que dijo nuestro recordado Papa Juan Pablo II en su homilía de la Beatificación de Sor María Romero: “Las obras de Sor María a las necesidades de los pobres son inagotables…”. Esta frase es clara y directa como un mensaje a cada uno de nosotros; para que continuemos su obra “inagotable”, y continuar el beneficio que ella hizo a sus pobres y que crezca cada día más este bello sentimiento de ayudar a los desvalidos sin desfallecer nunca, pues siempre hay en el mundo seres que confían y esperan de la Divina Providencia y de su Madre la Virgen María les mande una mano caritativa. Seamos nosotros esa mano.
Así como Jesús nos dijo: “A los pobres los tendréis, a mí pronto no me veréis”, pero en cada rostro, en cada mirada, en cada gemido de cada uno de estos pobres y sufridos está el rostro, la mirada y el sollozo de Cristo.
Sor María Romero es hoy, y ahora, el puente entre Dios y nosotros su pueblo, entre nuestra Madre, su Reina y nosotros todos, sus hijos. Ella sabe bien los problemas por los que estamos atravesando en estos momentos. Pidámosle que interceda ante su Rey y su Reina por su Patria Nicaragua.
Sor María haz la unidad entre los que aman la justicia y la honestidad que es la verdadera paz.
La autor es colaboradora de las obras de Sor María Romero.