Ana María Ch. De Holmann
Por circunstancias del tiempo se me pasó escribir algo acerca del Día de la Madre, lo que hago hoy por ser un día especial como es este día en que mi madre partió de las neblinas de este mundo hacia el amanecer de día de luz eterna.
Creo que siempre hay un motivo para recordar y hacer mención a quien merece, ya que no hay —ni debe haber— Día de la Madre, sino que todos y cada uno de los días del año deberá ser especial para ellas.
Hace poco me decía un amigo de más de cincuenta años que había tomado vacaciones para ir a pasar un rato con su mamá en Matagalpa. —¿Y ella vive allá? —le pregunté. “No, ella murió cuando yo tenía dos meses de nacido, no la conocí, solamente en foto, pero viera cuánta falta me hace…”. Me impresionó mucho su nostalgia y pensé cuántos hijos hay que tienen a su madre viva y no aprecian el tesoro de sabiduría, entrega, dedicación, refugio y de amor que tienen y quizás lo tienen enterrado, alejado, ausente, olvidado. Cuando observen esto sus hijos imitarán su actitud y es seguro que le tratarán igual y su propia suerte será como ellos mismos la han practicado en sus padres.
Hace unas semanas me encontré en una charla religiosa a una señora, quien se me acercó para decirme: “Te quiero dar las gracias, porque cuando estaba en problemas le dijiste a mis hijos: a ustedes no les toca criticar a su madre, nunca deben hablar mal de ella. Ella es siempre su madre”. Habían pasado más de veinte años y en ese momento recordé que por alguna circunstancia había escuchado a unos de sus hijos expresar su queja o crítica acerca de la situación que vivían y le dije lo que antes me recordó su madre, ya que yo nunca supe que ella conocía mi consejo.
Hace siete años que mi madre Margarita Cardenal de Chamorro partió de las neblinas de la tierra hacia el amanecer de luz eterna y la recuerdo cada vez con más claridad y verdad, como era ella firme en su fe y en sus principios, tenaz en sus misiones, incansable en sus propósitos como educadora, formadora, consejera, guía, señalando los peligros y las consecuencias, los caminos a seguir, los que con su ejemplo quedaron trazados sin lugar a duda sin tacha ni vuelta atrás. Todo lo que dejó una huella imborrable en nuestras vidas.
Hoy aunque el tiempo pase, tal como dice mi amigo, “¡qué falta me hace mi Madre…!”
La autora es hija de Margarita Cardenal de Chamorro.