Propuesta

Mina Nelson El presidente Enrique Bolaños no está abandonando el barco. Son sus enemigos los que le temen al libre juego democrático. La propuesta del gobernante, conocida la semana pasada, es un reto para que se sometan a la voluntad popular aquéllos que se aferran al poder mediante el pisoteo de la Constitución Política y […]

Mina Nelson

El presidente Enrique Bolaños no está abandonando el barco. Son sus enemigos los que le temen al libre juego democrático. La propuesta del gobernante, conocida la semana pasada, es un reto para que se sometan a la voluntad popular aquéllos que se aferran al poder mediante el pisoteo de la Constitución Política y el secuestro de las instituciones del Estado.

Daniel Ortega, convencido de que los caudillos pactistas han perdido legitimidad como representantes de las mayorías, lanzó la idea de que se adelanten un año las elecciones presidenciales como receta para acabar con todos los males que ellos mismos han creado y que han llevado el país al borde del abismo.

Ortega está liquidado ante la gente con derecho al sufragio, pero podría levantarse con el triunfo si prevalecen las actuales divisiones entre los partidos, a pesar de contar con el más bajo nivel de aceptación.

La respuesta de Bolaños no se hizo esperar y retó a Daniel Ortega a celebrar elecciones nacionales adelantadas, pero con la condición de que se realice una Asamblea Constituyente y que los partidos políticos efectúen comicios primarios obligatorios para elegir a sus candidatos a puestos públicos. Una Asamblea Nacional constituyente que redacte la nueva Constitución y que de esta nazcan las nuevas instituciones del Estado, una nueva Corte Suprema de Justicia, un nuevo Consejo Supremo Electoral, una nueva Contraloría General de la República.

Bolaños busca transformar un Estado resquebrajado y corrompido por las mafias caudillistas en un Estado moderno, capaz de asegurar que Nicaragua enfrente los retos económicos, sociales y políticos.

La propuesta de Bolaños no puede ser interpretada como un signo de debilidad o incompetencia para gobernar. Todo lo contrario, revela madurez cívica, convicción patriótica y capacidad política frente al maquiavelismo de sus oponentes, que pisotean la Carta Magna de la República, juegan con la miseria y secuestran el futuro del pueblo.

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