¿Por qué temen a l a OEA?

Mina Nelson

¿Por qué la cúpula sandinista teme la presencia de una misión de alto nivel de la OEA, encabezada por su Secretario General?

¿Por qué tanto repudio, rayano en el insulto, expresado en contra de los miembros de la Misión Técnica de ese organismo internacional, que elevaron ante el Consejo Permanente un informe en el que advierten que “la crítica evolución de los acontecimientos —en Nicaragua— compromete gravemente la separación e independencia de los poderes públicos, elemento esencial de la democracia representativa”?

El 23 de junio de 1979, la Décimo Séptima Reunión Consultiva de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA aprobó una resolución que le dio el “jaque mate” al gobierno de Anastasio Somoza Debayle, provocando su caída y propiciando la llegada del sandinismo al poder. Esa misma organización continental, fue parte activa en las negociaciones para el desmantelamiento de la contrarrevolución que luchaba contra el totalitarismo comunista. ¿Por qué rechazan entonces esta nueva misión de la OEA, encaminada a preservar y fortalecer la institucionalidad democrática, tan seriamente amenazada por los mismos que burlaron los objetivos de aquella histórica resolución, sustentada en los siguientes puntos?

1. La inmediata y definitiva sustitución del régimen somocista. 2. La instalación en territorio nicaragüense de un gobierno que incluya en su integración a los representantes de los grupos más importantes de oposición al régimen de Somoza y que represente la voluntad libre del pueblo de Nicaragua. 3. Garantía absoluta para los derechos humanos de todo el pueblo nicaragüense, sin excepciones. 4. La celebración de elecciones libres tan pronto como sea posible, conducentes al establecimiento de un gobierno verdaderamente democrático que garantice la paz, la libertad y la justicia.

El sandinismo traicionó su compromiso con el Continente: secuestró el poder por más de diez años; aplastó los derechos humanos de los nicaragüenses y atentó contra la estabilidad de la región centroamericana, como instrumento del terrorismo internacional, hasta que las presiones internas y externas obligaron a la celebración de unos comicios que representaron la primera de tres derrotas vergonzosas para el partido sandinista y su candidato Daniel Ortega.

Pero la corrupción se había entronizado y en vez de acabar con las elecciones de 1990, retomó fuerza con Arnoldo Alemán, quien terminó de saquear al país, aunque con menos suerte porque no pudo escapar a la justicia que la recetó veinte años de prisión. Así las cosas, ambos caudillos decidieron aliarse mediante un escandaloso pacto que les garantiza la impunidad y un poder ilegítimo para controlar y desestabilizar el Estado.

Si la OEA es consecuente con su historia tiene que actuar en esta oportunidad conforme a la Carta Democrática y aplicar las medidas urgentes que demanda Nicaragua, antes de que sus enemigos terminen de destrozarla.

Arístides Royo encabezó la Misión Técnica que rindió el informe ante el Consejo Permanente, advirtiendo de los peligros que enfrenta el sistema democrático nicaragüense, pero el dirigente sandinista Bayardo Arce ha declarado que “esos tipos son unos ineptos o unos vulgares manipuladores que mandaron aquí a hacer un trabajo sucio, respondiendo a intereses de la derecha que privan en la OEA”.

Olvida el comandante Arce Castaño que el señor Royo era Presidente de Panamá, en tiempos de Omar Torrijos, cuando desde aquel país canalero se movilizaron armas y ejércitos guerrilleros, en apoyo de la llamada revolución sandinista.

¿Quiénes son entonces los vulgares manipuladores? Que juzgue la opinión pública.

La autora es cónsul honoraria de Nicaraguaen Los Ángeles.

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