Freddy Potoy Rosales
Pensar en este momento en el po- wer Line Communication (PLC) como una tecnología de banda ancha (mejor conocida como las Comunicaciones de Línea de Energía), para unos puede resultar una locura, pero para otros significa otro horizonte para el desarrollo de las telecomunicaciones, cuyo rédito además del que pueden obtener los inversionistas también sería para la población.
Este tema, además de apasionante, genera reacciones e inquietudes que rápidamente saltan a la palestra. Explicando de manera resumida el asunto, el PLC significa usar una compañía de electricidad para proporcionar el acceso del Internet a través de su infraestructura. Sin embargo, este proyecto pone sobre la mesa temas como el asunto de licencia, título habilitante, concesión o lo que sea, para operar en el ámbito de las telecomunicaciones y no bajo el paraguas de empresa eléctrica; seguridad nacional, espectro radioeléctrico, legislación moderna en materia de servicio público de energía eléctrica que compatibilice con el servicio de las comunicaciones, inversión en las instalaciones de la red eléctrica, mercado cautivo, costos competitivos, etc.
El despliegue del PLC parece ser muy factible, tanto así como pensar en que se puede conectar el módem a un tomacorriente para tener acceso a la red de inmediato. Por ejemplo, Iberdrola, una empresa eléctrica de España, en 2004 instaló una infraestructura de transmisión bidireccional de datos que cubre a 100 mil habitantes. Esta tecnología ha sido acertada en Europa, porque una estación baja desplegada en cada transformador de 220 voltios sirve hasta para 300 residencias.
No obstante, la controversia sobre esta técnica se mantiene al rojo vivo dado que una corriente sostiene que las líneas eléctricas al aire libre no se blindan, y las alto-frecuencias sin blindaje pueden interferir con otras señales sin hilos en la atmósfera, incluyendo a la Policía y radio de las ambulancias. Y así hay varios debates.
El PLC puede competir en velocidad, desempeño y precio contra tecnologías como ADSL. Claro, el asunto es ver los mecanismos de financiamiento para desarrollar esta tecnología, combinarla con Wi-Fi, por ejemplo, y lograr a cierto plazo la disminución de la brecha digital entre las grandes ciudades y las zonas más alejadas.
Esto parecería algo imposible para quienes argumentan que en Nicaragua ni siquiera se ha desarrollado bien la comunicación a través de la Red de Telefonía Básica (RTB), ni la celular, y estoy pensando en el PLC. Pero este argumento no debe inhibir a quienes puedan hacerlo, para apuntar hacia eso. Esto toca otros ribetes que inevitablemente en países como el nuestro van de la mano con la política, las instituciones del Estado y las políticas del Gobierno Central.
Esperemos que la Intendencia de Telecomunicaciones, o quien sea, una vez que se arregle este conflicto entre políticos por la disputa del Instituto Nicaragüense de Telecomunicaciones y Correos (Telcor), al menos piense en esto como un sueño, o por lo menos modernice la legislación vigente en materia de telecomunicaciones, impulse el proyecto de ley de ubicación e instalación de antenas celulares y se haga algo con el proyecto del Fondo de Inversión en Telecomunicaciones para dar acceso a las comunicaciones a más personas.