El Nudo Gordiano está en Nicaragua

Eduardo Enríquez

Estuve tentado de comenzar este escrito así: “Don Enrique Bolaños está lidiando con una versión muy real del mito del nudo gordiano…” pero la verdad es que no es Enrique Bolaños el que enfrenta esa versión del mitológico nudo que debía ser desatado por el conquistador de Asia, sino todos los nicaragüenses.

El nudo es éste: arnoldistas y danielistas han aprovechado la mayoría de curules que la ciudadanía les dio para implantar una dictadura bicéfala —en la que el socio minoritario viene siendo el arnoldismo—. Eso lo han logrado colocando en cada uno de los poderes del Estado e instituciones, como la Fiscalía y la Contraloría, a partidarios acérrimos de los caudillos Daniel Ortega y Arnoldo Alemán.

Con eso tienen dominado todo el Estado, excepto el Poder Ejecutivo, con el que han lidiado recortándole funciones y poder a través de reformas constitucionales que pueden hacer gracias a la mayoría de votos que les confió la población.

Sin embargo, esos votos no son un cheque en blanco, ellos como representantes de la ciudadanía tienen una autoridad delegada y limitada. No pueden, por ejemplo, convertir el sistema de gobierno en un híbrido —“semiparlamentario” le llaman— sólo porque resultaron electos. No fueron electos para eso.

Para asegurarse que ese control no es algo pasajero, han aprobado una Ley Electoral excluyente y han poblado el Consejo Supremo Electoral de magistrados incondicionales al pacto, que ni se ruborizaron al anular una Junta Receptora de Votos de Granada donde el partido Apre había sacado más del doble del total de votos recibidos por los partidos “mayoritarios” en las elecciones municipales pasadas.

Así las cosas, esperar que la Asamblea Nacional apruebe leyes justas es una ilusión. Esperar que el Sistema Judicial actúe como el fiel de la balanza es igual de iluso, y tener la esperanza de deshacerse de esta pandilla en las próximas elecciones con sólo salir a votar es como seguir pensando que la luna es de queso.

También es una tontería fijar nuestras esperanzas en que la Asamblea actual va a reformar por su libre y espontánea voluntad la Ley Electoral para hacerla más participativa.

¿Cómo deshacer este nudo? Se puede pensar que la movilización ciudadana puede llegar a poner suficiente presión sobre los diputados pactistas como para que, junto a una coordinada presión internacional, se pueda incidir en los diputados del pacto para que al menos accedan a “aflojar” un poco el nudo.

Otra manera es la de Alejandro Magno.

Cuenta la leyenda que Alejandro Magno supo del nudo y de la grandeza que acompañaría a quien lo desatara. Alejandro se dirigió a la ciudad de Gordion, donde le pusieron frente al nudo, pero a pesar de sus múltiples y empeñados intentos no pudo desatarlo. Alejandro agotó su paciencia. Desenvainó su espada y de un tajo cortó el nudo.

Indudablemente que la lección de la leyenda es que en ocasiones las cosas necesitan soluciones radicales, o sea, a veces las cosas no se deshacen como se hacen.

Los nicaragüenses no podemos resignarnos a vivir los próximos 10 ó 15 años bajo el yugo de una mafia bicéfala, y la opción de partirla de un tajo no puede ser descartada.

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