Método hitleriano en propaganda pactista

Mario Alfaro Alvarado

Hitler escribió en Mein Kampf: “La inteligencia de las masas es pequeña y grande su capacidad de olvido. Desde el momento es que las masas son de lenta comprensión, debe repetírseles la misma cosa un millar de veces”.

Para aprovechar al máximo la aplicación de este fundamentalismo ideológico, Hitler organizó el Ministerio de Propaganda y puso al frente de él a un genio de la propaganda política, el doctor Goebbels. Así, para que tenga éxito la repetición de una idea debe hacerse constantemente bajo distintos ropajes sin que pierda su mensaje fundamental.

En un totalitarismo tropical como el que practican dos cabecillas unidos por un pacto político inmoral, la técnica de la repetición y de presentar las ideas con diferentes lenguajes, obtienen el mismo resultado que la propaganda política que practicó el nazismo para sus fines de dominación. Aquí el pacto Alemán-Ortega no cuenta como un ministerio de propaganda ni con un especialista en agitación ideológica y, sin embargo, los pactistas obtienen valiosos resultados sin que les cueste dinero.

Desde que Bolaños se salió de la órbita prebendaria de la corrupción libero-sandinista para ensayar un esfuerzo por frenar —al menos— la corrupción, los pactistas le declararon la guerra. Han elaborado un discurso que los divulgadores repiten de diferentes maneras cada vez que tienen un micrófono al alcance de los labios. El discurso político del pactismo está enfocado a convencer al pueblo de Nicaragua que Enrique Bolaños es incapaz de gobernar. El lenguaje es zafio y vulgar, sus elementos retóricos son el insulto, la calumnia, la mentira y el ataque personal.

Quien tenga la paciencia de clasificar las declaraciones de los divulgadores del régimen prebendario pactista, descubrirá las mismas palabras, los mismos rasgos idiomáticos chocarreros y el mismo propósito: desconcertar a la población y convencerla de que todos los males que ellos crean con sus intrigas y embustes tienen por objetivo presentar un gobierno “ineficiente”, “incapaz” e “inútil” al que hay que cambiar. ¿Por un pactista corrupto? Pero los conspiradores no se arriesgan, quieren que sea el pueblo que masivamente se lance a la calle a pedir la destitución del gobernante. A fuerza de repetir constantemente el mismo discurso denigrante, acusatorio y calumnioso, la población —por contagio— repite lo que oye decir a la garrulería pactista.

Los que trabajan para los medios de comunicación no han podido instruir una línea divisoria entre la información política “picante” que gusta a la audiencia y la transmisión involuntaria de la propaganda totalitaria de los amos políticos del pacto, que a través de sus correveidiles aprovechan muy bien la técnica hitleriana de la repetición constante, para convencer al pueblo de que todo lo malo que sucede en el país es culpa del presidente Bolaños.

Este país gobernado por dictadores y políticos corruptos por más de un siglo apenas se percata —desconcertado por la prédica mañosa de un liberalismo inexistente aliado con marxistas fracasados— que por primera vez hay un gobernante que rechaza la corrupción en todas sus formas y que éste es su gran pecado, porque debió haber continuado el camino de la piñata y de la huaca, para beneficiar y glorificar a la corrupción y a los cabecillas que la personifican.

El autor es periodista.

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