Hizo bien el gobierno del presidente Enrique Bolaños, al solicitar a la XXXV Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se reunió a principios de esta semana en Fort Lauderdale, Florida, Estados Unidos, que una misión de dicho organismo hemisférico venga a Nicaragua y “participe en el diálogo nacional a fin de garantizar los acuerdos entre las partes en conflicto”, tal como informó LA PRENSA en su edición de ayer, martes 7 de junio del año corriente.
En realidad, la intermediación de la OEA parece ser el único y el último recurso que le queda al presidente Bolaños para enfrentar y resolver de manera airosa y digna la crisis institucional de Nicaragua. Pero, sobre todo, la participación de la OEA como garante de un verdadero y eficaz diálogo nacional en Nicaragua, sería lo mejor para la población nicaragüense que es la que más sufre las consecuencias de esta crisis que ha llegado ya a límites intolerables y extremadamente peligrosos.
Ciertamente, el país está de nuevo al borde del abismo, por culpa de la irresponsabilidad, codicia y lujuria de poder de los políticos que dirigen los partidos FSLN y PLC. Y ante esta situación no sólo los nicaragüenses sino también la comunidad internacional que ha empeñado muchos esfuerzos e invertido cuantiosos recursos en la reconstrucción y la democratización de Nicaragua, deben buscar cómo impedir que otra vez caigamos en el despeñadero.
La gente quiere diálogo, desea que los políticos resuelvan los problemas nacionales y sus propias diferencias por medio de negociaciones y acuerdos honorables. Eso es lo que expresa con insistencia la opinión pública nicaragüense y confirman las encuestas. Pero, por supuesto, lo que quiere la gente y lo que necesita el país es un diálogo auténtico y transparente, del que salgan acuerdos que sean de interés nacional y equitativos para las partes en disputa, y sobre todo que los compromisos que se adopten sean cumplidos con responsabilidad y con honestidad personal y política. O sea que el diálogo debe ser garantizado por una fuerza o institución que tenga capacidad y autoridad no sólo para moderar las negociaciones, sino también para garantizar el cumplimiento de los compromisos que acuerden las partes dialogantes.
Cabe señalar al respecto que el mal llamado “diálogo nacional” entre el presidente Enrique Bolaños y las cúpulas del FSLN y del PLC (que se montó en enero de este año auspiciado a título personal por Coordinador Residente del Sistema de Naciones Unidas en Nicaragua, señor Jorge L. Chedieck, y el cardenal Miguel Obando y Bravo), no cumple esos requerimientos de calidad y por eso no ha servido para nada. O mejor dicho, para lo único que ha servido ese diálogo tripartito —que además ya ni funciona—, ha sido para empeorar la crisis, debido a que el PLC y el FSLN no han cumplido los pocos acuerdos a que han podido llegar, ante la inercia, impotencia o indiferencia de los testigos y “garantes”.
Algunas personas, sobre todo miembros de las cúpulas del FSLN y del PLC y allegados a ellas, sostienen el criterio de que no es necesario que venga la OEA a entrometerse en los problemas nacionales y que los nicaragüenses deben resolver sus conflictos, sin intervención extranjera de ninguna clase. Las más radicales y extremistas de esas personas —que por cierto son los mismos causantes de la crisis que está agobiando y paralizando a Nicaragua—, como es el caso de Daniel Ortega, inclusive descalifican groseramente a la OEA acusándola de ser un “instrumento del imperialismo”.
Pero la OEA está presidida ahora por un político socialista chileno que representa a un gobierno de izquierda, y cuya elección fue catalogada como una “derrota” de Estados Unidos. Entonces, ¿por qué no quieren —Daniel Ortega y sus seguidores del FSLN y el PLC— que la OEA venga a contribuir para que Nicaragua pueda salir del atolladero en que se encuentra por culpa de ellos mismos?
La respuesta parece obvia: Ortega y sus seguidores del FSLN y el PLC temen la mediación de la OEA y la aplicación de la Carta Democrática Interamericana en el conflicto de Nicaragua, simplemente porque no quieren que el conflicto se resuelva, salvo en la forma como ellos pretenden, o sea sometiendo al presidente Enrique Bolaños y poniendo de rodillas a toda la nación.