Las elecciones primarias

La semana pasada, varias organizaciones cívicas que trabajan por el fortalecimiento de la democracia, apoyadas por el Instituto Republicano Internacional (IRI), presentaron una propuesta de “Ley de Elecciones Primarias y de Autoridades Internas de Partidos Políticos en Nicaragua”. Según lo que se dice en esta propuesta de ley, su objetivo es “promover la democracia interna en el seno de los partidos políticos, permitiendo la mayor participación de sus afiliados y miembros —tanto electores como elegidos— en la elección de las autoridades internas nacionales, departamentales y municipales del partido político correspondiente y de los candidatos a cargos de elección popular para las diferentes elecciones en que participen como partido político o alianza de partidos políticos”.

Se trata de una excelente iniciativa, sin duda, pero condenada al fracaso por ahora, pues quienes la deberían aprobar son los actuales diputados del PLC y el FSLN, o sea los enemigos más encarnizados de cualquier iniciativa para democratizar a los partidos políticos y crear mecanismos de participación popular para salvar y fortalecer la democracia.

En realidad, el propósito de las elecciones primarias —en todas partes donde se practican— es permitir a los afiliados y simpatizantes de los partidos políticos su participación en la selección de los candidatos que se presentan en las elecciones nacionales o locales para ejercer los cargos de gobierno y representación popular.

En todos los países donde existen, las elecciones primarias sólo beneficios han reportado al sistema democrático de gobierno y, por lo tanto, a los mismos partidos políticos, los cuales se prestigian al escoger de manera transparente a sus candidatos. Y además, por medio de las primarias, los militantes, afiliados y simpatizantes de los partidos fortalecen sus convicciones democráticas en general y su sentido de pertenencia partidista en particular.

La única objeción válida al establecimiento del sistema de elecciones primarias en Nicaragua es la de los costos económicos que éstas implicarían, pues los partidos políticos prácticamente tendrían que duplicar sus gastos de campaña y se aumentaría el presupuesto del Consejo Supremo Electoral, al que le correspondería organizarlas. Aparte de que se podría crear, o más bien profundizar, la desigualdad entre los candidatos que contarían con cuantiosos recursos económicos y los que tendrían pocos o nada.

De manera que sería útil hacer un balance de costos/ beneficios para el establecimiento del sistema de elecciones primarias, pero sin perder de vista que la democracia cuesta, pero la falta de democracia es mucho más costosa como lo ha demostrado la trágica experiencia de Nicaragua.

En realidad, no es por casualidad que los representantes de los partidos políticos autoritarios, los menos democráticos y a los que la gente llama caudillistas —el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC)— son precisamente los que se oponen a las elecciones primarias. Por cierto que estos dos partidos ya habían incorporado a sus estatutos el procedimiento de las elecciones primarias, pero ahora han renegado de ellas.

“Las primarias nos trajeron muchos problemas, esa es la verdad, mucha contradicción, mucho problema, mucho desgaste”, aseguró el líder sandinista Daniel Ortega en un mitin celebrado en Masaya en marzo de este año, cuando se anunció que el FSLN no celebraría una primaria para escoger a su candidato para las elecciones presidenciales del próximo año, lo que fue confirmado posteriormente en Matagalpa por un congreso de dicho partido, decapitando así la aspiración del disidente sandinista democrático Herty Lewites.

Por su parte, los líderes del PLC descalifican las primarias a pesar de que sus mismos Estatutos las contemplan, con el pretexto de que no todos los militantes del partido poseen carné y de que costarían mucho dinero, que el partido no tiene. En realidad, el rechazo a las primarias en el PLC a pesar de lo que dicen sus Estatutos, es impedir que el disidente liberal democrático, Eduardo Montealegre, sea el candidato presidencial del liberalismo en la próxima contienda presidencial.

En todo caso, la verdadera razón fundamental del rechazo del FSLN y el PLC a las primarias es que el sistema autoritario del “dedazo” les ha reportado un enorme beneficio material, sin que les importe el daño colosal que le han hecho a la democracia y al país en términos generales.

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