Bertha Inés Cabrales
Hace 17 años, durante el V Encuentro Internacional Mujer y Salud, se instauró el 28 de mayo como Día Internacional por la Salud de las Mujeres, conmemoración en la que anualmente denunciamos las altas tasas de morbilidad y mortalidad maternas existentes y exigimos al Gobierno políticas para combatir sus principales causas.
Desde entonces, cada 28 de mayo se realizan acciones de sensibilización, información y denuncia acerca del deterioro creciente de la salud de la población femenina, en la esfera de mortalidad materna y con especial ahínco, cáncer, aborto y VIH-Sida. La deficiente cobertura del sistema público por parte del Minsa provoca la baja calidad de la atención y la inexistencia de un abordaje preventivo que evitaría las complicaciones del aborto realizado en condiciones inseguras, el incremento acelerado de mujeres portando VIH o sida, de los suicidios relacionados especialmente al embarazo no planificado, de los frecuentes femicidios —expresión máxima de la violencia de género— que afectan particularmente a las mujeres que viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza, que representan a la mayoría de las nicaragüenses.
Cómo no preocuparse de los embarazos en las adolescentes que aumentan día a día y que nuestro país se ubica como el país con más alta tasa de embarazos en la adolescencia en América Latina, con un valor “estimado” de 115 nacimientos por cada mil mujeres adolescentes. Los partos de adolescentes fueron el 28.5 por ciento en el 2002, la fecundidad entre adolescentes rurales supera en más del 60 por ciento a las urbanas. El 3 por ciento de los embarazos ocurre entre los 10 y los 14 años, lo que enmascara violaciones y embarazos forzados en la niñez y adolescencia.
La hipocresía de algunos sectores condena a las mujeres de escasos recursos a las peores condiciones de salud, frente a la ignorada tragedia de la mortalidad materna que continúa siendo una epidemia silenciada por la falta de una estrategia nacional para su abordaje y reducción. Mientras el Gobierno de Nicaragua en la Estrategia Reforzada para la Reducción de Pobreza, afirma en el 2001 que se bajará la tasa de mortalidad materna de 142 a 129 por 100 mil nacidos vivos en el 2005. El Plan Nacional de Salud de septiembre del 2004 afirma que la misma bajó de 125 a 96.6 en el 2002. La falta de coherencia estadística evidencia que no se conoce realmente cuál es la magnitud de estas muertes que afectan exclusivamente a las mujeres.
La detección oportuna del cáncer cérvico-uterino sólo se hace por papanicolaou al 9 por ciento de las mujeres en edad fértil en el 2002, la tasa de cáncer ascendió a 13.9 por cada 100 mil mujeres. El 45 por ciento de las muertes por cáncer de cerviz ocurre entre 20 y 34 años, igual que el 53 por ciento de las muertes por cáncer de mamas.
Ante esta realidad urgen las modificaciones sustantivas al Presupuesto General de la República, para que se haga realidad la reducción de los megasalarios y megapensiones de las élites del Estado e invertir en dichos recursos en programas de salud integral de las mujeres y la niñez.
No es de obviar que la mujer tiene derecho a una actuación protagónica en la toma de decisiones sobre aspectos que afectan su salud, su vida, su cuerpo, su sexualidad. Por ello todas las mujeres deben conocer sus derechos en salud y exigimos su cumplimiento.
La autora es directora del Colectivo de mujeres Itza