José Rizo Castellón
No es un dilema de conveniencia moral o po- lítica para Nicaragua saber que tenemos una alianza comercial fuerte con Estados Unidos. Nada es más cierto que eso: saber que como nación pequeña no podemos darle más dignidad a los nicaragüenses, hacer crecer nuestra economía y salir del atraso, si no damos pasos para incrementar esas relaciones.
El Tratado de Libre Comercio (TLC) o Cafta (por sus iniciales en inglés), es una valiosa acción política de fortaleza, certidumbre y esperanza para los miles de nicaragüenses pobres que están esperando un milagro. Los milagros se construyen día a día.
La reciente visita de los presidentes centroamericanos a Estados Unidos fue un hecho importante para los verdaderos intereses de la región. No se puede vivir más de la caridad. Eso no es más que una vergüenza que pregona la izquierda como excusa para someter a los más vulnerables. Eso se debe de acabar. La mejor lucha por los pobres es buscando que la riqueza les alcance con dignidad. La pobreza es una enfermedad; la riqueza es el remedio. Nosotros somos importantes comercialmente para Estados Unidos en más de una forma. Centroamérica sola tiene más intercambios que todos los países de Europa del Este, juntos. Somos los principales suplidores de productos agrícolas para Florida. Somos la región que más intercambios hace con Texas, California, Atlanta y Florida. Mucho más que cualquier otro país de América del Sur.
México con su propio TLC, el NAFTA, hizo crecer su producto interno bruto (PIB) más de tres veces. No es cierto que haya más campesinos desempleados. Muy al contrario, donde más aumentaron las inversiones de los capitales norteamericanos, del DF para arriba, es donde ahora emigra menos la gente hacia Estados Unidos; mientras en el Sur de México hay pobreza, y más población busca trabajo temporal en las haciendas de California, Texas, Nuevo México o Arizona.
El NAFTA ha convertido a México en una economía próspera. Unos la ubican como la décima economía más grande del mundo, y otras como la número catorce. Eso es desarrollo. Eso es lo que necesitamos en Nicaragua. Y eso hoy en día sólo lo dan las alianzas comerciales, el intercambio libre de productos.
Otro buen ejemplo es Europa. La Unión Europea hoy es la economía más grande del mundo, porque primero dio pasos en el sentido correcto: fortaleció los vínculos humanos entre las gentes que compartían fronteras, y luego estableció estrechos lazos comerciales. Después vino lo político.
Es cierto que el TLC no es una panacea y que debemos fortalecernos en los aspectos en que somos más débiles, desarrollando la competitividad. Pero el saldo para la nación, será positivo.
No sólo en materia comercial es bueno ser socios de Estados Unidos. También hay otras buenas razones, para todos, que se podrían derivar de tal alianza.
Sin duda, después de Canadá y México en esta parte del hemisferio Occidental los países Centroamericanos (incluyo a Panamá y a República Dominicana) somos los socios más importantes que Estados Unidos tienen. ¿Por qué?
Porque en materia de seguridad, somos los que más les podemos ayudar a contrarrestar el narcotráfico, el contrabando, el terrorismo e incluso frenar cualquier intento de establecimiento en la región de regímenes de “la izquierda religiosa” (como le llama a algunos Joaquín Villalobos).
Ya lo dijo Robert Zoellick —un prestigioso economista—: “El Cafta sería un golpe duro para Daniel Ortega”. Esto quiere decir que para los intereses de seguridad de Washington, que haya mayor apertura comercial, que haya mayor generación de riquezas, que haya más empleos, que haya más crecimiento de la clase media, sería ventajoso. No sólo por el fortalecimiento de la democracia en la región, sino porque ellos y nosotros tendríamos que preocuparnos menos acerca de quien está al Sur tratando de desestabilizar las cosas.
Aunque haya países con una inmensa capacidad de comercio como Brasil, con economías sólidas y estables como la de Chile, con petróleo suficiente como para garantizarle el suministro de un 15 al 20 por ciento de su consumo anual a Estados Unidos, como Venezuela; nosotros —países con apenas 35 millones de habitantes, con costas en el Pacífico y el Caribe—, somos más importantes para Estados Unidos.
América del Sur se le salió de las manos a Washington. Ya no habrá más reuniones de Punta del Este en las cuales surjan Alianzas para el Progreso que beneficien mutuamente a Estados Unidos y a los países sudamericanos. Sudamérica cuando mira al Norte pone sus ojos en Londres, París o Roma.
Entonces, es a nosotros a los que nos conviene hacer alianzas con Estados Unidos. Somos sus aliados naturales en este mundo de la globalización, en este mundo de predominio de bloques comerciales.
Hay más o tantos nicaragüenses en Estados Unidos como en Managua. Hay más salvadoreños, hondureños o dominicanos en Estados Unidos que en San Salvador, Tegucigalpa o Santo Domingo.
¿Por qué tenemos temor de perder en esto, si hay múltiples razones para saber que de aquí todos vamos a salir ganando?
El autor es Vicepresidente de Nicaragua.