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Los cafetaleros nicaragüenses han demostrado que pueden competir en los mercados más exigentes del mundo, lo que confirmó una vez más, la semana pasada, el concurso de la Taza de la Excelencia que este año expuso el café de Nicaragua al olfato de varios catadores con prestigio internacional.
Es plausible el esfuerzo de los caficultores nicas, dado que hace cuatro o cinco años estaban bajo la tormenta que se derivó de la caída de precios internacionales y su futuro, como agricultores, era incierto porque era difícil de un día para otro sustituir los cafetos con otros cultivos y conseguir una rentabilidad similar o superior a la de antes.
Algunos empezaron a explotar los atractivos turísticos de sus fincas, pero la mayoría siguió batallando por el café con el optimismo de que llegarían tiempos mejores y, en ese lapso, surgieron los cafés orgánicos que ahora están plantando bien el nombre de Nicaragua en los estantes de tiendas y cafeterías famosas en Japón, Europa y Estados Unidos.
Es lamentable, sin embargo, que mientras los empresarios del agro se esfuerzan por salir del negocio tradicional para competir con más calidad en el exterior, las instituciones políticas del país se paralizan o echan pie atrás porque los líderes de los partidos que dominan el parlamento están bloqueando las acciones del Gobierno, para hacer ellos las leyes que más le convienen a sus organizaciones.
De hecho, el país se debate entre dos energías: la positiva, que proviene de las iniciativas empresariales, pequeñas o grandes; y la negativa, que emana de las entidades políticas, sobre todo, de la Asamblea Nacional, donde los sandinistas (FSLN) han legalizado las propiedades que usurparon al dejar el poder en 1990, han tratado de censurar a los medios de comunicación mediante castigos económicos y ahora se abalanzan sobre los fondos del Instituto de Seguridad Social (INSS).
Los liberales (PLC), que antes de 1999 eran los principales contrincantes de los sandinistas, han apoyado al FSLN para que haga leyes y tome instituciones, a cambio de que algún día ese partido ponga en libertad al ex presidente Arnoldo Alemán, en prisión domiciliar después de ser condenado por una serie de actos de corrupción cometidos mientras gobernó. Por ellos, el país está pagando muy caro la probable libertad de Alemán, el mismo que malversó fondos estatales.
En medio de esa disputa, una mayoría de ciudadanos espera oportunidades para mejorar su vida, a través del empleo y el acceso a servicios sociales eficientes, pero nada de eso puede crecer sin inversiones, las semillas de las empresas; y hasta los empresarios emprendedores podrían ver frenados sus esfuerzos, si las instituciones públicas siguen atadas por esos dos partidos políticos, ya que ni los países cooperantes ni los inversionistas privados querrán poner más dinero aquí.
Peor si el gobierno de Estados Unidos le corta la ayuda de 100 millones de dólares anuales a Nicaragua, porque, en tal caso, los inversionistas pensarían que este país es peligroso para los negocios.