Un nicaragüense triunfador

Humberto Belli Pereira*[email protected]

A los nicaragüenses nos falta optimismo. Las desilusiones que causa nuestro mezquino mundillo político golpean nuestro ánimo casi todos los días. Por eso es tan refrescante conocer historias de nicaragüenses que han triunfado internacionalmente. La verdad es que desde Rubén Darío, hasta nuestros días, Nicaragua ha dado al mundo una lista impresionante de hombres y mujeres que han alcanzado logros excepcionales más allá de nuestras fronteras. Lo nuevo es que la lista incluye hoy no sólo hombres o mujeres en las letras o las artes sino también hombres de negocio. Hace unos días, por ejemplo, Carlos Pellas fue distinguido como el empresario más destacado de Latinoamérica por el XXVI Congreso Hemisférico de Cámaras de Comercio e Industrias.

El sábado recién pasado Ave Maria College of the Americas otorgó un doctorado honorífico a Michael Cordúa, otro nicaragüense perteneciente a esta nueva cepa de emprendedores que han despertado admiración internacional. Cordúa, quien nació en Managua en 1959, se abrió paso en el difícil y competitivo mundo de la cocina norteamericana para lograr aparecer entre los mejores diez cuques (“chef”) del país y para que su restaurante América fuese galardonado por la revista Squire como el “Mejor Restaurante Nuevo en América” en 1993. Hoy Michael es dueño de cuatro pujantes restaurantes en Houston y ha recibido numerosos reconocimientos, tanto por sus éxitos empresariales y culinarios, como por su participación en diferentes iniciativas cívicas y filantrópicas.

Michael tuvo que abandonar sus planes iniciales de trabajar como banquero en Nicaragua cuando el gobierno sandinista confiscó la banca privada. Con su padre abrió como alternativa una empresa de embarques en Houston, pero al poco tiempo aquél falleció. Sólo en el negocio, Michael atravesó un período bonancible que terminó abruptamente con la crisis del petróleo de los ochenta. A los 26 años se encontraba desempleado, recién casado y en vías de ser padre. Entonces experimentó una poderosa experiencia de conversión religiosa que lo llevó, entre otras cosas, a decidirse por una ocupación que lo intimidaba por su aparente humildad pero que le apasionaba: cocinar.

Las advertencias de sus amigos en contra de abrir un restaurante parecían fundadas. Todos los locales para alquiler que abordó en los mejores sitios de la ciudad lo rechazaron, obligándole a conformarse con uno situado en una zona peligrosa, y en el cual habían quebrado los ocho últimos negocios. Después de cinco meses de pérdidas y ya a punto de botar la toalla, Michael obtuvo su primer utilidad. Antes de un año habría su segundo restaurante. Lo demás es una historia de triunfo en una de las sociedades más competitivas del mundo.

Los éxitos empresariales como los protagonizados por Michael Cordúa y tantos otros nicaragüenses merecen un gran reconocimiento. De acuerdo a Michael Novak, autor del éxito de librería, El Espíritu del Capitalismo Democrático, el empresario es el que crea lo que no existía antes, el que ve oportunidades donde los otros ven desesperación. Ellos son los emisarios de la esperanza, los autores de la riqueza, y los únicos capaces de erradicar la pobreza. Efectivamente, la pobreza no puede ser eliminada por el Estado. Los gobiernos no crean riqueza. En el mejor de los casos lo más que hacen es distribuir ineficientemente la riqueza creada por otros. La pobreza es eliminada cuando se permite a los individuos con espíritu empresarial a que utilicen sus talentos y creatividad para producir riqueza y empleos. Por eso Juan Pablo II reivindicó en su encíclica social Centesimus Annus el derecho a la iniciativa económica. Las sociedades que han realizado los mejores avances en contra de la pobreza han sido precisamente aquéllas donde el espíritu empresarial es estimulado y donde muchos de sus habitantes son verdaderos empresarios. Es decir, personas que no buscan la prosperidad a través de las rentas o privilegios estatales, sino a través de su propio esfuerzo.

La multiplicación de muchos emprendedores como Michael Cordúa es lo que genera bendiciones de prosperidad por todas partes. Lo único que esto exige es un entorno político jurídico que no obstaculice sino que aliente sus aspiraciones. Cuando predomina la inseguridad jurídica y los productores son hostigados con políticas fiscales y laborales populistas, el espíritu empresarial se marchita o emigra, llevando su capacidad de crear riqueza a suelos más fértiles. El estado es para facilitar o atraer las iniciativas de los Michael Cordúa que habitan entre nosotros, y no para forzarlos al exilio.

* El autor es rector de Ave Maria College of the Americas.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí