Ganímedes

Luis Sánchez S.

El amigo Julio León Báez, bibliotecario de LA PRENSA, me sugirió escribir sobre Ganímedes.

Ganímedes servía las copas de los dioses en los banquetes del Olimpo y acerca de él hay dos versiones, una estrictamente mitológica con distintas variantes, como casi todos los mitos de las antiguas Grecia y Roma, y la otra histórica-legendaria.

Ganímedes (cuyo nombre significa “el complaciente”) era hijo de Tros, el legendario rey frigio que le dio su nombre a la provincia de la Tróade y a la ciudad de Troya. Uno de los hermanos de Ganímedes fue Ilo, quien en su propio honor dio el nombre de Ilion a la región donde estaba situada la ciudad de Troya. Y por eso Homero llamó Ilíada a su inmortal poema heroico acerca de la legendaria guerra de Troya.

Ganímedes era todavía un adolescente y su belleza física y espiritual era extraordinaria. El carácter de Ganímedes era muy reservado y a menudo subía al monte Ida para pastorear las ovejas y estar en contacto directo con la naturaleza. Precisamente en una ocasión en que se encontraba tendido al sol, en un claro del monte Ida, fue visto por Zeus que se prendó de él y se encaprichó en poserlo sexualmente. Y para sorprender al hermoso mancebo, Zeus se transformó en águila, lo atrapó con sus garras y lo llevó volando hacia el Olimpo.

Ya en la corte olímpica, Zeus le concedió a Ganímedes el don de la eterna juventud y lo hizo su amante. Además, para justificar su presencia en el Olimpo lo nombró copero oficial de los dioses, cargo que hasta entonces había desempeñado la hija de Zeus, Hebé, quien tuvo que dejarlo por un incidente que relataré en una próxima ocasión.

Por otro lado, de acuerdo con la versión histórica-legendaria lo que ocurrió fue que el rey Tros envió a su adolescente hijo, Ganímedes, al reino de Lidia, donde había un gran templo de Zeus, para que ofreciera allí sacrificios en nombre de su pueblo. Pero el rey de Lidia acusó a Ganímedes de espionaje, lo apresó junto con sus acompañantes, lo convirtió en escanciador de vino en la corte y lo hizo objeto de su entretenimiento sexual, pues entonces la sociedad griega apenas estaba saliendo de la barbarie tribal y las relaciones homosexuales eran habituales. Inclusive se consideraban un privilegio de la capa superior de la sociedad.

En algunos lugares de la antigua Grecia se acostumbraba iniciar a los jóvenes a la vida adulta mediante prácticas homosexuales. Los griegos llamaban Erasta al adulto que sentía una atracción erótica hacia un muchacho (en el caso de que su atracción sexual fuera hacia un niño, le decían Pederasta), y al adolescente que era sometido a prácticas sexuales por adultos varones, lo denominaban Erógeno.

Otra versión sobre el mito de Ganímedes indica que habría sido Eos (Aurora) quien lo raptó, atraída por su deslumbrante hermosura. De manera que fue Eos quien llevó a Ganímedes al Olimpo, donde Zeus se enamoró de él y se lo quitó a la diosa matutina. Y para que Ganímedes viviera eternamente Zeus lo convirtió en la constelación conocida como Acuario.

A principios del siglo XVII, Galileo Galilei descubrió la mayor de las lunas del planeta Júpiter y le dio el nombre de Júpiter III. Y poco tiempo después, otro astrónomo de nombre Simon Marius, la rebautizó como Ganímedes por el nombre del copero de Zeus convertido en constelación estelar. Y así se le llama hasta ahora.

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