Petróleo: mito y realidad

Francisco Xavier Aguirre Sacasa

Durante los últimos meses, mucho se ha comentado la crisis que ha provocado en Nicaragua el alza en los precios del petróleo. Todo el mundo siente la crisis y opina sobre ella. Y es natural. El precio mundial del petróleo afecta a nuestros bolsillos en el contexto del transporte. Nos preocupa, también, cuando nos vemos amenazados con el racionamiento energético o con una alza en las tarifas de la electricidad y del agua. Sin embargo, es interesante ver cuán poca información fiable se maneja sobre el petróleo, y cuántos mitos existen en cuanto a este tema.

Quizás el mito más empotrado en la conciencia colectiva de nuestra población es que el actual precio del petróleo es el más alto de la historia. Como prueba de esto se señala que el petróleo casi alcanzó los 60 dólares por barril a comienzos de abril. Esta cifra fue, efectivamente, la más alta en la historia en términos nominales, pero también es cierto que ese precio estaba bien por debajo del récord en términos constantes o ajustados para compensar por la inflación. Medido con ese criterio, que es el correcto, el precio más alto del petróleo fue a comienzos de los años ochenta cuando el “oro negro” se cotizaba en el equivalente de 90 dólares por barril en dólares de hoy. O sea que el precio que alcanzó el petróleo a comienzos del mes pasado estaba 33 por ciento por debajo de su nivel más alto hace un cuarto de siglo.

Un segundo mito es que el precio del petróleo seguirá subiendo inexorablemente en el corto y mediano plazo. De nuevo, esta aseveración es, como mínimo, dudosa. La verdad es que el precio mundial del petróleo es muy volátil y sujeto no sólo a la oferta y demanda —estacional, por cierto— sino que a la especulación, factores políticos y hasta la guerra. Por ejemplo, desde comienzos de abril hasta hoy, el precio del petróleo ha bajado —no subido— en un quince por ciento, a aproximadamente 48 dólares y pico por barril. Es más, con el desempeño más débil de la economía norteamericana en el primer trimestre de 2005 —en parte por el alza del petróleo— el precio podría seguir bajando a pesar de que en junio comenzarán los tres meses del verano estadounidense cuando los norteamericanos suelen tomar sus vacaciones y tradicionalmente aumenta el consumo de gasolina.

Un tercer mito es que los que fijan el precio del petróleo son los países de la Organización de Países Exportadores del Petróleo (OPEP) por ser éstos los mayores productores del petróleo. De nuevo, la realidad es otra. El mundo actualmente consume casi 80 millones de barriles de petróleo por día. De esta cantidad, los 11 miembros de la OPEP producen sólo el 40 por ciento, un porcentaje bien por debajo del 66 por ciento que producían hace treinta años. El resto bombeado por otras naciones que no pertenecen a la OPEP como, por ejemplo, Estados Unidos, Canadá, México, Rusia, Noruega y hasta el Reino Unido. Cifras de producción en el 2004 revelan algunas sorpresas. Por ejemplo, Rusia produce tanto petróleo como la Arabia Saudita, Noruega produce más que Venezuela, Estados Unidos produce 20 por ciento más que Kuwait e Irak juntos, la China produce 35 por ciento más petróleo que Venezuela y Gran Bretaña bombea más que Libia.

A pesar de la diversidad en los productores actuales del petróleo es una realidad que las dos terceras partes de las reservas de petróleo se encuentran en países del Golfo Pérsico que son miembros de la OPEP. Otra realidad es que el alza en los precios del petróleo ha beneficiado a las grandes compañías petroleras. Las utilidades de las cinco más grandes del mundo —Exxon, BP, Shell, Chevron-Texaco y Total— alcanzaron 85 mil millones de dólares en el 2004, una cifra más alta que el producto interno bruto de Venezuela. También es cierto que los miembros de la OPEP están cosechando una bonanza financiera debido a los precios actuales del petróleo. Según el Washington Post, este año los 11 miembros del cartel generarán ingresos de 360 mil millones de dólares gracias a sus exportaciones de petróleo. Esta cifra es prácticamente igual al tamaño de la economía de Rusia.

Con este nivel de transferencias de los países importadores de petróleo —como Nicaragua— a países exportadores del oro negro, es probable que una buena parte de esta factura energética será financiada con endeudamiento externo. Por ende, no sería nada raro que en unos cinco a diez años los países del tercer mundo que son importadores netos de petróleo enfrentarán una nueva crisis de deuda externa igual a la que se dio en los años ochenta que, recordemos, fue declarada la “década perdida” en muchos países latinoamericanos por el pobre desempeño de sus economías.

Un cuarto mito, al menos hasta hace poco, era que nuevos descubrimientos de yacimientos petroleros le permitirían al mundo seguir cubriendo sus necesidades de petróleo indefinidamente. Quizás porque no han habido hallazgo nuevos e importantes del “oro negro” en casi 30 años, ahora hay una visión mucho más pesimista. Según expertos de los gobiernos británicos y norteamericanos, la producción máxima de petróleo en los países que no pertenecen a la OPEP se dará entre 2006 y el 2010, y la producción pique anual mundial se dará en el 2040 a más tardar. ¿Qué significa esto? Que casi dos siglos después de la perforación del primer pozo de petróleo en Titusville, Pennsylvania en 1859, la era del petróleo barato habrá pasado definitivamente a la historia y que el mundo tendrá que ajustarse a una nueva realidad, una en donde los precios de hoy los veremos regalados.

El autor fue Canciller de Nicaragua y trabajó por 28 años en el Banco Mundial.

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