Triste proceder de algunos líderes

Rosa María Vivas Moncada

Los últimos días de abril se tornaron opacos, y no precisamente por las nubes grises que anuncian la entrada del deseado invierno. Los acontecimientos violentos que han azotado a la ciudadanía nicaragüense han oscurecido el panorama y ahora se vislumbran con incertidumbre y temor. Debo manifestar mi profundo pesar por el proceder de un grupo de estudiantes universitarios, tenaces en la terquedad y el revanchismo. Este porcentaje de la comunidad universitaria se “autodenomina” defensor de los intereses del pueblo, de las “injusticias” que atormentan a la nación; cuando no estiman que realmente en la tormenta las acciones que ejecutan enciende el carbón y fomenta el caos, convirtiéndose en los principales protagonistas de la crisis social que vivimos.

No puedo evitar sentirme abochornada por la extrema violencia que ha desencadenado este grupo que engañado o —por lo menos— manipulado, se considera representativo de miles de jóvenes que estudiamos en universidades públicas. No es así, habemos estudiantes, egresados, profesionales titulados, que no nos identificamos con los encapuchados lanza morteros que deshonran la imagen de las universidades públicas y destruyen su prestigio, pues ellos mismos se han declarado los responsables de las últimas acciones vandálicas a estudiantes y líderes de las principales Alma Máter del país como son Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN); Universidad Nacional Agraria (UNA) y Universidad de Ingeniería (UNI).

“No estigmatizar, ni etiquetar”, esa es la cuestión; porque lamentablemente la postura de que a las “armas todos” —porque los morteros no dejan de ser instrumentos de guerra cuando lesionan la humanidad del agredido— asumida por un grupo de estudiantes que protagonizan los ataques que generan conceptos errados de que tales acciones son el resultado de las lecciones aprendidas y los conocimientos facilitados en los anteriormente mencionados recintos universitarios. Insisto, en conceptos errados porque orgullosamente puedo declarar que la educación es esmeradísima, gracias a los programas educativos y el perfil de cada carrera, al personal docente altamente calificado y al estudiante aplicado con deseos de superación que atiende a las lecciones y manifiesta sus inquietudes y opiniones.

El Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD) contempla en sus planes educativos de primaria y secundaria la asignatura Formación Cívica, Moral y Urbanidad, donde se promueve la práctica de valores humanos, de derechos y deberes que como ciudadanos nos corresponden por igual. Todo estudiante universitario recibió esas lecciones, por lo que resultan aún más reprochables los disturbios y los daños ocasionados. Las protestas son justas cuando la causa es justa, pero es más dignificante aún, cuando el proceder es justo, pacífico y ejemplar. El diálogo es la opción, debatir es el medio, pero cumplir los puntos acordados por las partes involucradas, es la fórmula del éxito.

No perdamos la esperanza de que el diálogo sea efectuado y los momentos críticos finalmente sean erradicados, momento esperado por un gran porcentaje de mis conciudadanos y por mí misma, quien opina desde un importante medio de expresión: LA PRENSA.

La autora es psicóloga infieri, UNAN-Estelí.

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