Héroes en las asonadas

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Héroes en las asonadas





El miércoles recién pasado, mientras casi todos los canales de televisión nacional que tienen programas matutinos de información y opinión reproducían imágenes de la violencia callejera del día anterior, así como comentarios de funcionarios del Gobierno y líderes de las “protestas”, en el programa Buenos Días del Canal 12 se transmitía un segmento de opinión con religiosos católicos que se pronunciaban a favor de la paz social.

En dicho programa se proyectaron las impresionantes imágenes de la gran cantidad de personas que caminaban hacia sus centros de trabajo, recorriendo largas distancias, en una clara demostración de que la población no participa en los disturbios callejeros. Lo cual es lógico y fácilmente comprensible, porque entre las personas honradas el que no trabaja ni hace cualquier otra actividad socialmente útil, simplemente no come.

Quienes participan en los disturbios callejeros son personas que no necesitan trabajar para ganarse el pan de cada día: estudiantes de las universidades financiadas por el Estado; activistas políticos, de “organismos de masas” y de algunos ONG sostenidos económicamente desde el exterior; empleados de las alcaldías que han sido convertidas en trincheras de “partisanos”, etc.

Inclusive, aquellas otras personas que a veces en algunos barrios ponen tranques y queman llantas, y que en los medios de comunicación social son presentados como “pobladores que respaldan las protestas”, son en realidad miembros de los comités de base de los partidos políticos disociadores.

La gente común y corriente, honrada y responsable, sabe que sus problemas personales y familiares sólo se resuelven trabajando, produciendo, creando riqueza. Por eso es que cuidan su empleo como a la niña de sus ojos y le ruegan a Dios para que la tranquilidad social vuelva a reinar pronto, porque ésta es la condición indispensable para su subsistencia y la esperanza de su progreso personal. Estas personas, a las que se les ve caminar hacia sus centros de trabajo cuando el transporte está paralizado y las calles han sido trancadas por los facciosos, son verdaderos héroes nacionales.

Los líderes de los disturbios callejeros aseguran que el pueblo está en la calle protestando por sus derechos. Pero en las imágenes de televisión se ve que es una ínfima minoría de la población la que participa en esas cosas. Incluso en la “gran marcha popular” del martes de esta semana, a la que se enfrentó el presidente Bolaños a pecho descubierto en una actitud más bien temeraria dada la naturaleza extremadamente violenta y agresiva de los “marchistas”, no había ni tres mil personas. ¿Y qué significa eso ante tres millones de nicaragüenses adultos que hay en el país?

Lo que pasa es que siempre y en todas partes las minorías radicalizadas, decididas a todo y conducidas por grupos bien organizados, se arrogan la representación de las mayorías. Aún en las “insurrecciones populares” es una minoría armada y violenta la que, aplicando las estrategias dictadas por Vladímir Ilich Lenin, asalta el poder y asume por sí y ante sí la representación de todo el pueblo, al que obligan a “participar”. Bien se recuerda cómo durante las insurrecciones de 1979 en Nicaragua, los sandinistas armados y enmascarados cercaban con alambradas los barrios, para que nadie pudiera salir de los vecindarios y a fin de que los bombardeos de la aviación somocista causaran mortandades que enardecieran a la población.

Así actúan en todas partes del mundo. En Ecuador, la semana pasada, fue una minoría la que protagonizó las violentas revueltas callejeras que dieron pretexto a la cúpula militar y a los políticos golpistas para derrocar al presidente Lucio Gutiérrez, un líder populista que irónicamente sucumbió ante una asonada populista.

En fin, los héroes en esta lamentable historia son las personas que caminan largas jornadas para mantener sus puestos de trabajo y ganarse el sustento diario —personal y familiar—, con el fruto de su trabajo honrado. Es la “mayoría silenciosa” en la que descansa la vida de la sociedad porque es la que trabaja y produce la riqueza que se roban o despilfarran los políticos, y la cual por una u otra razón permite que la minoría bulliciosa, violenta y agresiva someta por medio de la fuerza a toda la nación.

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