Élida Z. Solórzano
¡Qué viva la iglesia católica! Porque una vez más ha caminado con el orden, la paz y solemnidad que la caracterizan y ha elegido un nuevo sucesor de San Pedro. “¡Habemus Papam!” Tenemos un nuevo Papa y éste seguirá llevando el liderazgo de la Iglesia con toda su humanidad, su santidad, su magisterio completo pero, sobre todo, con toda la guía del Espíritu Santo que la ha conducido hasta este tercer milenio.
Desde el día de la elección del Papa Benedicto XVI hemos oído toda clase de comentarios por los medios de comunicación nacionales y extranjeros. Hay quienes están felices y dicen que gracias a Dios porque este Papa seguirá los pasos de Juan Pablo II. Otros dicen que éste es un Papa, probablemente, “de transición”. También se oyen voces de tristeza y hasta quienes quieren culpar a Juan Pablo II de las acciones de ciertos sacerdotes de EE.UU. y piensan que el nuevo Papa continuará igual. Pero también hay los que ven en este Papa al nuevo sucesor de Pedro que con la asistencia del Espíritu Santo gobernará a la Iglesia Católica y dan gracias a Dios por este regalo.
Pienso que eso de un “Papa de transición” es absurdo. ¿Transición a qué? Y que tenga que seguir la obra del Papa Juan Pablo II denota un gran desconocimiento de lo que es el Papa en la Iglesia. El Papa continúa la doctrina de los Apóstoles, el testimonio sobre Cristo. Es cierto que Su Santidad Juan Pablo II fue un gran Papa, un gran santo digno de imitar. Pero, ahora es Benedicto XVI el Vicario de Cristo, no lo es del Papa anterior.
Los medios de comunicación también nos han transmitido las voces de personas que quieren aplicar las reglas de las políticas del mundo y de sus gobiernos a la Iglesia como si eso fuera lo “políticamente correcto” y necesario para salvarla. A algunos esto puede confundirlos. Es bastante irreal pensar que la Iglesia Católica vaya a cambiar su fe porque se ha cambiado a un Papa. La fe es una y la verdad de Jesucristo es solamente una y cada Papa la sigue con su propio estilo.
Desgraciadamente hay extremos y hay radicalismos y éstos tienden a reaccionar a sus propias fantasías. Se dice que han ganado los conservadores y los “liberales” o izquierdistas sienten que han “perdido”. Pero no existen, realmente, tal victoria ni derrota porque sería creer que el Espíritu Santo limita su apoyo a las ideas de un solo “bando”. A Juan Pablo II se le veía conservador en lo moral y liberal o izquierdista en lo social. En la elección del nuevo Papa, la que ha ganado es la Iglesia toda y una vez más, el Espíritu Santo nos ha dado lo que necesitamos en este momento histórico.
¡No tengamos miedo! No caben ni el triunfalismo ni derrotismos. La Iglesia de Cristo no tiene partidos y nosotros no debemos inventarlos. No hay argumentos que ganar, sólo hay almas que salvar.
No sabemos cómo va a ser el nuevo Papa. Hasta la fecha él se ha desarrollado visiblemente dentro de la Iglesia como un teólogo brillante, y sin menospreciar este aspecto suyo, ahora, el que ha sido cardenal Joseph Ratzinger, será el Pastor de todos los católicos y vamos a ver brillar ese aspecto de su ser que será potenciado por la gracia especialísima que Dios da a los Papas. Es una misión singular la suya, de ser la cabeza visible del cuerpo místico de Cristo, que es su Iglesia. A los católicos nos toca confiar en este Papa y orar por él, como lo hubiéramos hecho con cualquier otro que hubiera sido elegido. Ésta es nuestra fe.
La autora es educadora y socióloga.