Magdalena Úbeda de Rodríguez
Siempre había leído con gusto los escritos humorísticos del autor de El síndrome del figureo, hasta que el recién pasado sábado 16 de abril ha publicado LA PRENSA su último artículo, titulado “Un Papa chontaleño”.
Este escrito sobrepasa los límites de lo soportable para los espíritus creyentes dentro del catolicismo. Es ofensivo, hiriente y de pésimo gusto, sobre todo en el momento en que fue publicado, cuando toda la catolicidad de la tierra estaba pendiente de la elección del pontífice, sucesor del bien amado Juan Pablo II. Barajar con burla sangrienta los nombres de los cardenales Joseph Ratzinger y Angelo Sodano poniendo en sus labios una expresión blasfema: que no votarían por el cardenal Obando para Papa aunque se los ordenara el Espíritu Santo, es el colmo del irrespeto al motivo más emblemático de la fe católica: el Espíritu Santo Paráclito, el invocado en los momentos más solemnes de la vida eclesial, cuando abrumados por las grandeza del instante clamamos por su venida a iluminar nuestra ínfima razón humana. De ese acto sublime, de los más sublime que el hombre tiene que es su religión, se ha mofado con lujo de charlatanería el autor de “Un Papa chontaleño”.
El cardenal Obando no merece tampoco ser ultrajado así. Es un sacerdote de Cristo. Por su trayectoria que ya termina como Arzobispo de Managua, Nicaragua toda es deudora del Cardenal por tantos momentos del pasado en los que él actuó felizmente como mediador, para alcanzar la paz social.
Recuerdo con dolor e indignación de creyente que cuando el Arzobispo monseñor Obando fue elevado a Cardenal, un periódico infame de la noche oscura, también se burló diciendo que pronto tendríamos los católicos un Papa moreno que llegaría al Vaticano montado en un burro, en alusión al apostolado que Obando siendo Obispo Auxiliar en Matagalpa había realizado a lomo de mula por los intrincados caminos de aquella Diócesis.
Es lamentable que sea en las páginas de LA PRENSA donde se despida al Arzobispo de Managua con peores argumentos aún, que los vertidos por la Barricada de aquellos aciagos días.
Bien está la sátira política, la que ha sido por décadas, las única defensa o ataque desenfadado contra los dictadores y tiranías sufridas casi continuamente por los nicaragüenses. El chascarrillo, el epigrama, la caricatura, han aligerado nuestras desventuras político-sociales. Lo afirmamos por GRN, por Castellón, en La Semana Cómica que muchos recordamos con buen humor; por Nicasio, en el reciente pasado, por el incomparable Guillén, que hace mejor y más efectiva crítica que todos los que escriben, que todos los talleres y seminarios. Pero no se toque lo sagrado. No se toque lo que es símbolo de lo más entrañable que guarda el ser humano, su creencia en el camino hacia su trascendencia a la eternidad.
La autora es directora del Instituto Nicaragüense de Cultura.