Eduardo Enríquez
Esta semana debería ser crucial para la sociedad y su avance, o retroceso, en el proceso de democratización del país.
El presidente Enrique Bolaños, en un arranque de vitalidad que tenía muchas semanas de no mostrar, ha decidido aferrarse al fallo de la Corte Centroamericana de Justicia (CCJ) que declara inaplicables las reformas constitucionales aprobadas por los caudillos a través de sus diputados en la Asamblea.
Los diputados se aferran a la maquinaria del pacto, que sacó de la Corte Suprema de Justicia un fallo que deja sin jurisdicción en el tema, a la CCJ.
No pretendo aquí hacer un análisis jurídico de quién tiene la razón, porque para decirlo con claridad, hace rato que este tema dejó el aspecto jurídico, pues se han hecho cosas totalmente divorciadas del Derecho para restar poder al Presidente y no es momento de ponerse legalistas.
Es absurdo, por ejemplo, pretender hacer un análisis de esos sesudos y con muchas citas del diccionario de Cabanellas, porque de nada sirve eso ante la desvergonzada e ilegítima actitud de quienes abusan del poder para fortalecerse y llegan al colmo de la desfachatez al darse un aumento salarial cuando disminuyen los salarios de sus enemigos políticos. Y además de derrochar el presupuesto, encima ni siquiera pagan impuestos.
Esa, precisamente, ha sido la gota que ha derramado el vaso, por ser un punto que golpea directamente la dignidad del ciudadano común. Y ese debe ser el punto de partida que debe tomar el Presidente para justificar su desconocimiento de lo que emana de la Asamblea Nacional para beneficio del pacto.
Por ilegítimo e inmoral debe rechazarlo y desconocerlo.
Pero para hacer eso, el Presidente debe estar definido y claro de que esta situación debe tensarse. Ambas posiciones, la de él y la de los diputados, van a colisionar más temprano que tarde. El que parpadea pierde.
Sin embargo, no es Enrique Bolaños en solitario el que debe definirse, porque no es él ni su Presidencia lo que están en juego, sino Nicaragua y su futuro.
Es por eso que gente como Eduardo Montealegre y Herty Lewites, que supuestamente tienen arrastre popular, deben públicamente decir de qué lado están. Y si apoyan al Presidente, luchar a su lado en esta tercia.
Al final, ellos se contarán entre los más beneficiados si es que el Ejecutivo logra ganar la tercia, porque si los caudillos derrotan una vez más a Bolaños, tanto Montealegre como Lewites pueden despedirse de sus candidaturas.