Un nuevo arranque para Nicaragua

Haroldo J. Montealegre

Con razón Nicaragua es el segundo país más pobre del hemisferio. A pesar de las promesas de los presidentes entrantes y del Gobierno de Nicaragua, los altos niveles de la pobreza persisten, y continúa la exclusión de la mayoría de los nicaragüenses de los mercados libres y abiertos.

Es probablemente hora de considerar un nuevo proceder. Con elecciones presidenciales y legislativas fijadas para 2006, es hora de abandonar las políticas que han fracasado en favor de estrategias e instituciones de mercados libres y abiertos que van a revigorizar nuestra economía estancada.

Desde que Nicaragua giró a la democracia en 1990, Estados Unidos y otros gobiernos amigos han apoyado las políticas actuales con decenas de millones de dólares. A pesar de esta ayuda exterior, los cambios fundamentales están bloqueados en Nicaragua. Por esta razón los sandinistas, a pesar de su trayectoria, tienen posibilidad de ganar las elecciones generales del 2006.

La mayoría de las instituciones legales, políticas y económicas esenciales para la prosperidad están ausentes. La capacidad de hacer cumplir los contratos y de hacer valer los derechos de propiedad ha sido seriamente restringida tanto por el Gobierno como por elementos piratas del sector privado.

No sorprende que en Nicaragua haya muy poca inversión y creación de capitales. ¿Por qué una compañía extranjera va a darle prioridad a Nicaragua sobre los otros países de Centroamérica? Con tantas oportunidades de inversión en nuestra región, la mayoría de las corporaciones extranjeras optan por no tomar el riesgo de invertir en Nicaragua.

Lamentablemente muchos nicaragüenses tienen que aguantar estas dificultades, y además la exclusión de los privilegios judiciales, impositivas, regulatorios y arancelarios que le otorga el Gobierno a sus allegados.

Necesitamos un nuevo proceder que se fundamente en estrategias e instituciones propias de los mercados libres y abiertos.

Primero, el próximo presidente de Nicaragua debe coordinarse con nuestra Asamblea Nacional para asegurar la aprobación de nuevas leyes que les garantice a todos la completa igualdad de sus derechos de propiedad privada y la santidad de sus contratos. Con la plena e igual vigencia de estas nuevas leyes, será más fácil persuadir a los inversionistas extranjeros y a los prestamistas a largo plazo de interesarse en nuestro país.

En segundo lugar, necesitamos asegurarnos que haya plena transparencia en el Gobierno de Nicaragua. Se necesita una nueva ley de ética para los que laboran en los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial del Gobierno. No se pueden tolerar ni el conflicto de intereses ni el tráfico de influencias.

Tercero, Nicaragua necesita desarrollar una verdadera economía de mercado. Las reformas económicas necesarias incluyen la dolarización de nuestra economía, que sería preferible al deslizamiento que utiliza el Banco Central para depreciar nuestra moneda.

Cuarto, necesitamos cambios dramáticos en nuestro sistema fiscal. Se deben eliminar todos los impuestos a la importación, a la producción, a la distribución y a la exportación, puesto que son arbitrarios, encubren abusos y distorsionan las señales del mercado. Para garantizar el financiamiento de nuestro presupuesto y que cada uno pague lo que es justo y proporcional necesitamos un impuesto bien administrado al consumo final y un impuesto uniforme a la renta.

Quinto, el Gobierno debe apoyar a las empresas pequeñas y a las microempresas. Muchos nicaragüenses que se gradúan de nuestras universidades se ven obligados a emigrar a Estados Unidos y a otros países porque no encuentran trabajo en nuestro país. Con estos cambios institucionales la economía de Nicaragua se revitalizaría, regresarían los inversionistas privados y los prestamistas a largo plazo, y se crearían nuevas oportunidades para todos. Y además, al dejar de ser la estabilidad y el futuro institucional de nuestro país un tema de debate, Estados Unidos y otros aliados se concentrarán en el comercio y otras iniciativas para el crecimiento económico en su diálogo con Nicaragua.

El autor es economista. Artículo publicado originalmente, en idioma inglés, en el diario Washington Times el 24 de marzo del 2005.

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