Élida Z. Solórzano
Su Santidad Juan Pablo II que tanto amamos tenía gran habilidad para usar los símbolos con el fin de avanzar la causa del Evangelio. Lo asombroso en estos días es descubrir los muchos símbolos que rodearon su muerte, que sin duda, también han sido evangelizadores.
El Ángel de Fátima les dijo a los pastorcitos en 1916: “Los corazones de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia”. La vida del Papa fue muy ligada a la Virgen de Fátima y a su mensaje profético para nuestros tiempos. Esto, el Papa, lo descubrió más plenamente, pienso, a raíz del atentado contra su vida ocurrido en la fiesta de la Virgen de Fátima, un 13 de mayo del año 1981. Desde su lecho de convaleciente, él pide que le lleven todos los archivos sobre Fátima y desde allí se descubre él, como el Obispo vestido de blanco que sufría, descrito en el último secreto de Fátima.
Veamos algunos de los símbolos en su muerte. El Papa comienza su más profunda agonía el primer viernes del mes, día en que la Iglesia celebra al Corazón de Jesús. Su agonía continúa el primer sábado del mes, día en que los fieles dan respuesta a la petición de la Virgen de Fátima que enseña su Inmaculado Corazón a Sor Lucía, vidente de Fátima, y le pide que por 5 primeros sábados vayamos a la Eucaristía a hacer reparación de las muchas ofensas al Corazón de Jesús y a su propio corazón y pedir la conversión de los pecadores.
No nos cabe duda que fue la misma Virgen María quien llegó ese día a llevarse al Papa al Cielo, al hijo amado que se declaraba todo suyo, como bien lo decía su lema “Totus Tuus”. Pero además, de llevárselo en un primer sábado, lo hace mientras se celebra en su habitación la Misa de la Vigilia de la Fiesta de la Divina Misericordia, fiesta que el Papa instituyó, dando cumplimiento así a la voluntad de Jesús expresada a Santa Faustina Kawalska, religiosa polaca que él beatificó y canonizó. El Papa, sin duda, supo leer la importancia de este mensaje del misericordioso amor de Dios para con el ser humano para estos tiempos tan abundantes de miseria física y espiritual y el Padre Celestial, rico en misericordia, lo abrazó esa misma noche.
En su muerte como en su vida, el Papa confirma cómo su historia estuvo ligada íntimamente a los mensajes y al significado de estos misterios de Fátima y la Divina Misericordia. Su vida siempre nos impulsó a que no tuviéramos miedo al sufrimiento y que, a la vez, siempre confiáramos en el amor misericordioso de Dios para llevar a cabo la cultura de la vida y del amor en medio de las dificultades.
Opino que Su Santidad Juan Pablo II ha sido el “Papa de la Cultura de la Vida” y será instrumental en traernos designios de misericordia para con tantos sufrimientos y muertes que ha causado al mundo la cultura de la muerte. Debemos apropiarnos de este intercesor que entiende tan plenamente este problema en el mundo del tercer milenio, para pedirle que seamos capaces con valentía y apoyados en la misericordia de Dios de vencer la cultura de la muerte con la cultura de la vida y del amor.
La autora es educadora y socióloga