Ricardo Sánchez Calero
El cardenal Obando es la figura pública que más tiempo lleva en el escenario nicaragüense. Como máximo representante de la Iglesia Católica de Nicaragua se puede apreciar cómo a lo largo de varios mandatos presidenciales ha sido parte activa en los conflictos de la política nacional. Para muchos ha contribuido al bienestar de Nicaragua, para otros es una persona que ha sabido utilizar sus influencias.
Al cardenal Miguel Obando se le relaciona directamente con hechos de gran relevancia en el acontecer político nicaragüense: mediador en los asaltos a la casa de don José María Castillo y al Palacio Nacional, en el proceso de entendimiento entre el gobierno sandinista y la contrarrevolución en la década de los años ochenta, sepultador de la campaña de Daniel Ortega en el año 1996 con la parábola de la serpiente, y por su respaldo político al período presidencial de Arnoldo Alemán.
El cardenal Miguel Obando pertenece a la clase con privilegios políticos y económicos del país. Si bien ha contribuido en procesos de pacificación nacional, también ha gozado de los privilegios que el poder político le ha otorgado, teniendo su punto más alto en el gobierno de don Arnoldo Alemán cuando avalaba gran parte de las acciones del entonces mandatario.
Hoy en día, a mi juicio, avala y respalda a don Daniel Ortega en sus intenciones presidenciales y de perpetuidad política en Nicaragua, con quien antes manejó grandes diferencias personales por la persecución contra la Iglesia Católica en el mandato sandinista. Por lo que no me es difícil apreciar que todas estas acciones que el cardenal Obando lleva a cabo a favor de sus aliados han tenido su precio político-social en ambos bandos.
Para el cardenal Obando el costo ha sido la antipatía de un determinado sector de la población que no aprueba su respaldo a quienes tanto daño han ocasionado al país; y para los señores Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, que controlan casi todos los poderes del Estado, ceder ante peticiones del Cardenal desde frecuencias de radio, donaciones de terrenos, instalaciones universitarias, paquetes de exoneraciones y becas, cargos en poderes del Estado, sobreseimientos definitivos, etc. Lo que claramente ha beneficiado de manera personal los intereses del cardenal Obando Bravo.
Pienso que la población nicaragüense ha percibido en las acciones del cardenal Miguel Obando la transformación sufrida de líder de la Iglesia Católica a líder político, donde aparentemente ha logrado desenvolverse con mayor éxito.
Al cardenal Obando nunca lo he visto participando activamente en otros problemas de la vida nacional o interviniendo directamente en las decisiones de sus aliados políticos por lograr una verdadera transformación en nuestra realidad económica. El comportamiento inerte de uno de los hombres con más poder político en Nicaragua ante situaciones como tomas de tierras y masacres de precaristas, resoluciones absurdas de los poderes del Estado, huelgas de sectores en demanda de un salario justo, manipulación de posibles propuestas para reactivación de la producción, megasalarios de funcionarios públicos, saqueo de los bienes del Estado por funcionarios, extrema pobreza, falta de oportunidades de empleo y niños en las calles padeciendo hambre, ha sido notorio.
El cardenal Obando hoy se retira como máximo líder de la Iglesia Católica nicaragüense, pero su influencia política seguirá presente en el acontecer nacional. Y ahora sin investidura de religioso es más fácil entender qué aspecto de la vida de este hombre ha sido de mayor relevancia tanto para él como para la población, su participación religiosa o su accionar político.
El autor es Administrador de Empresas