Dictaduras impotentes

Douglas Carcache

Un grupo de mujeres cubanas, cuyos esposos están presos en la isla, fue asediado al comenzar la Semana Santa por otro grupo de mujeres del Partido Comunista de Cuba que les impidió hacer su marcha pacífica de cada domingo, en que iban vestidas de blanco a rezar a una iglesia.

El canciller cubano Felipe Pérez Roque justificó la represión diciendo que las calles eran de los revolucionarios y éstos tenían que defenderse de quienes atacaran a la revolución. “Si algún majadero provocó a sus vecinos, deberá saber que sus vecinos en algún momento perderán la paciencia”, afirmó.

La dictadura de Fidel Castro, con más de 45 años en el poder, ni siquiera permite que 30 mujeres desfilen vestidas de blanco, porten flores y oren por la libertad de sus maridos dentro de una iglesia.

La turba que bloqueó el paso a las mujeres de blanco y les agredió de forma verbal, la formaban unas 200 partidarias de Castro custodiadas por hombres de civil que llevaban walkie-talkies y las coordinaban, indicaron informes de periodistas extranjeros. “No podemos permitir que vengan a destruir nuestra revolución”, gritó una de las manifestantes castristas, que se negó a decir su nombre pero afirmó que habían sido convocadas por la Federación de Mujeres Cubanas.

Peor aún, el Sábado de Gloria un centenar de castristas irrumpió en la casa del médico disidente Darcy Ferrer y con palos hirió al galeno, sólo porque éste había colocado en su pared un mural en apoyo a 75 opositores cubanos detenidos en marzo del 2003. Ferrer fue víctima de un “mitin de repudio” de los que hacen las “organizaciones sociales” del Partido Comunista contra los disidentes.

La mayoría de nicaragüenses conoce esas “acciones revolucionarias”, porque el Frente Sandinista (FSLN) las hacía en los años ochenta, cuando gobernaba, y aún las hace contra sus partidarios que critican al secretario general, Daniel Ortega.

El 26 de febrero pasado, el sandinista Herty Lewites fue apedreado por una turba del FSLN y luego expulsado de ese partido por haberse postulado como precandidato presidencial y retar a Ortega a decidir en elecciones primarias quién sería el candidato en las próximas elecciones generales de Nicaragua.

Ortega comparó a Lewites con Judas, advirtiéndole que podía terminar “ahorcado” por el pueblo, como le sucedió al que traicionó a Cristo.

Es común que Fidel Castro y Daniel Ortega usen de pretexto al “pueblo” para reprimir a los opositores. “La revolución tiene el apoyo del pueblo, que tiene especial sensibilidad contra los que trabajan para el gobierno de los Estados Unidos y se prestan a sus patrañas”, dijo el canciller cubano después que reprimieron a las esposas de los opositores presos. Para él, todos los disidentes cubanos son “mercenarios al servicio” de Washington.

Sin embargo, la obsesión de castristas y orteguistas por reprimir toda idea diferente a la de ellos sólo indica que se sienten impotentes y sin argumentos para convencer. Por eso recurren a la agresión de las turbas.

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