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En conflicto por los misiles
De manera innecesaria Nicaragua se está enfrentando con Estados Unidos por la conservación de los misiles de origen soviético, Sam-7, que son un remanente de la Guerra Fría entre las dos superpotencias y de la guerra caliente entre los sandinistas y los contras nicaragüenses.
Este conflicto comenzó prácticamente cuando los 38 diputados del FSLN, apoyados por 18 parlamentarios del PLC, decidieron incluir en el Artículo 139 de la nueva Ley General de Armas —aprobada el 23 de noviembre del año pasado—, una disposición para impedir que el gobierno del presidente Bolaños siguiera cumpliendo el acuerdo con Estados Unidos de destruir paulatinamente los misiles rusos. Posteriormente, el 15 de febrero del año en curso, los mismos 38 diputados del FSLN, secundados en esta ocasión por 23 parlamentarios del PLC, rechazaron el veto del Presidente de la República a la Ley General de Armas. Y ahora los misiles sólo pueden ser destruidos mediante una resolución aprobada por la Asamblea Nacional y con votación calificada, lo que significa en la práctica que la decisión sobre los cohetes rusos depende de la voluntad política del Frente Sandinista.
Es comprensible que los sandinistas se opongan a la destrucción de los Sam-7 —los cuales, como se ha dicho hasta la saciedad, no sirven para fines defensivos pero son mortalmente eficaces como armas de los terroristas contra la aviación comercial, de pasajeros—, no sólo porque para ellos son un símbolo político, sino porque en su febril ideología podrían ser un instrumento de lucha contra el “imperialismo yanqui” si el FSLN volviera a controlar totalmente el poder. Lo que no tiene sentido es que los diputados del PLC respalden a los sandinistas en esta aventura de los misiles y pongan en un grave riesgo a Nicaragua, cualquiera que se la razón o el motivo que esgriman para justificarse.
En realidad, es legítima la preocupación de Estados Unidos de que algunos de los misiles Sam-7 que están en poder del Ejército de Nicaragua y sujetos a la voluntad política del Frente Sandinista, pudieran aparecer de repente en manos de los terroristas. El terrorismo internacional han declarado una guerra total contra la libertad, la democracia, occidental, y particularmente contra Estados Unidos que es su baluarte. Al respecto se conoció recientemente que la jefatura del terrorismo internacional ordenó a sus militantes intentar nuevos ataques contra objetivos norteamericanos ubicados dentro y fuera de Estados Unidos. Al mismo tiempo se conoció que el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos tiene un catálogo de posibles ataques, tan devastadores o peores que los del 11 de septiembre del 2001, en el que se incluyen el estallido de una bomba nuclear, el uso masivo de gas tóxico sarín en algún gran edificio de oficinas públicas, el choque de un camión cargado de explosivos contra un estadio deportivo, etc.
Además, las autoridades estadounidenses tienen información de que los terroristas podrían hacer estallar un tanque de cloro que mataría a unas 17,500 personas y lesionaría a más de 100 mil; propagar el virus de la neumonía en baños de aeropuertos, estaciones de trenes y estadios, con lo que matarían inmediatamente a unas 2,500 personas y enfermarían a otras 8,000; o infectar masivamente con fiebre aftosa a hatos de diversos lugares, dentro y fuera de Estados Unidos. Y entre las maquinaciones macabras de los terroristas se incluye, por supuesto, la de derribar aviones comerciales repletos de pasajeros, para lo cual los misiles Sam-7 que tanto defienden algunas personas en Nicaragua, serían terriblemente eficaces.
Según algunos observadores y analistas, sobre todo izquierdistas, las autoridades de Estados Unidos han caído en un estado de paranoia o exageran el peligro de ataques terroristas para justificar la estrategia de “guerra preventiva” que practica el presidente George W. Bush. Pero la verdad es que los atentados que han perpetrado los terroristas contra Estados Unidos y otros países no han sido ejercicios intelectuales, sino monstruosos asesinatos colectivos.
Es razonable entonces que el Gobierno estadounidense tome medidas apropiadas para impedir otros ataques terroristas de gran magnitud, y lo menos que debería hacer Nicaragua para contribuir a la lucha contra el terrorismo es destruir todos los misiles soviéticos Sam-7.