- “Predicar a través del agua no es nuevo en la Iglesia Católica”, comentacapellán de las Isletas de Granada
Arlen CerdaCORRESPONSAL/ GRANADA
Tras una veintena de lanchas de motor en las que turistas nacionales participaban en el singular Viacrucis de las Isletas, una mujer joven, delgada, de piel tostada por el sol y brazos recios, remaba constante a bordo de un gastado bote.
Le acompañaban cinco niños y otra mujer que bajo una sombrilla se había acomodado con dos de los pequeños para cubrirse del inclemente sol del verano.
Dora María Jarquín, de 25 años, es quien rema esa modesta embarcación.
Ella recuerda que desde los ocho años de edad viajaba en un bote similar junto a sus padres, para acompañar el recorrido de Jesús a través de las Isletas de Granada, y comenta contenta que hoy puede seguir esta tradición junto a sus hijos y sobrinos para transmitirles también su devoción católica.
Hasta hace un par de décadas, los habitantes de las Isletas de Granada debían viajar hasta la ciudad para participar en el Viacrucis del Viernes Santo.
Sin embargo, una singular idea motivada por el interés de involucrar a los isleños en el proceso de evangelización católica y la práctica de las tradiciones religiosas de Semana Santa, dio la oportunidad a que éstos contaran con su propia peregrinación para recordar la Pasión y Resurrección de Jesús.
tRADICIÓN ISLEÑA
El Viacrucis en las Isletas de Granada se ha promovido con mayor intensidad en los últimos diez años. Incluso, el año anterior la peregrinación fue filmada por televisoras internacionales que acudieron atraídas por esa original expresión de “turismo religioso”.
Sin embargo, más allá de la promoción turística del original Viacrucis y de la amplia oferta de tour-operadoras locales para atraer a los turistas, esta singular romería en las Isletas destaca por la modesta participación de los isleños, que hacen suya la oración: “En tus sangrientos pasos Señor, seguirte quiero”, y toman sus botes de remo para sumarse en cada una de las quince estaciones de la peregrinación.
Doña Ofelia Conde habita en el islote Corre Viento de la comunidad Playa Grande, en las Isletas de Granada. Como la mayoría de los isleños de la zona, ella no recuerda con exactitud cuándo inició esta tradición.
Sin embargo, se muestra contenta y agradecida porque desde su casa puede participar en las tradiciones de Semana Santa y arreglar su propia Estación, donde ha vivido por más de medio siglo.
TAREA ES EVANGELIZAR
Según el padre Bismarck Cruz, capellán de las Isletas de Granada, la realización del Viacrucis en el archipiélago del Gran Lago es fiel a la evangelización que Jesús hizo en su tiempo.
“Él también predicaba y se embarcaba a través de ríos y lagos para llevar su mensajes de un lado a otro”, recordó el sacerdote.
Según el padre Cruz, “predicar a través del agua no es nuevo en la Iglesia Católica, porque Jesús lo hizo así. Pero para nosotros es un privilegio tener la oportunidad de seguir estos pasos en las Isletas de Granada”, comentó.
Por su parte el Obispo de la Diócesis de Granada, Bernardo Hombach, destacó el esfuerzo y participación de los isleños en el Viacrucis, y la promoción turística del singular recorrido, exhortando siempre a aumentar la fe y la religiosidad entre los participantes.
UNA IDEA SINGULAR
El recorrido del Viacrucis por las comunidades de las Isletas de Granada inició hace 24 años, cuando en 1981 el padre Omar Cordero, párroco de la Iglesia de Guadalupe, en Granada, se propuso integrar a los pobladores de las Isletas en las celebraciones católicas durante la Semana Santa.
Hoy, esta singular romería en el exótico archipiélago del Cocibolca atrae a centenares de turistas nacionales y extranjeros que disfrutan del “turismo religioso”, como una rama más del potencial rubro en Granada.
El Viacrucis se realiza Lunes, Martes y Miércoles Santo. Las lanchas de motor parten cada uno de estos días a las 7:30 de la mañana desde los puertos de la Marina Cocibolca, el Club Náutico, Asese o la Cabaña Amarilla. El recorrido incluye la visita de las quince estaciones, y dura unas tres o cuatro horas.
En cada Estación, los isleños colocan una modesta cruz adornada con plantas ornamentales y collares tejidos con flores de sacuanjoche. Allí, rezan la Estación correspondiente y luego colocan las ofrendas florales en la lancha donde viaja la imagen de Cristo con sus manos atadas y su rostro triste y ensangrentado.
Posteriormente, los encargados de la Estación, se suman con sus botes de remo a la peregrinación, hasta el final del recorrido.