Ivonia Bonilla C.*
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Relativismo, libertad y tolerancia
Ivonia Bonilla C.*
¿Tenemos verdades distintas? ¿tiene alguien derecho a imponerme sus valores? Estas y otras preguntas marcan el apropiamiento del relativismo contemporáneo, el cual se entiende como una postura de rechazar la existencia de verdades absolutas y defender que todo es opinable y dependiente del punto de vista. Tal filosofía afirma que las verdades éticas son certezas tan sólo del individuo, o de grupos que lo acepten, afirmando que los valores morales y éticos son subjetivos.
Estas teorías de influencia variable en cada país, acrecentada su difusión por las comunicaciones masificadas —el Internet y la televisión global— están incidiendo en los valores personales, llegando a ser rasgos culturales en Nicaragua. Bien dice Georg Hegel: “En lo que respecta al individuo, cada uno es hijo de su tiempo… Es tan insensato creer que una filosofía puede ir más allá de su tiempo presente, como creer que un individuo pueda saltar fuera de su tiempo”.
Los programas televisivos generan transferencias de valores y antivalores a los televidentes y así podemos ver el relativismo, pariente cercano del individualismo y la tolerancia en muchos enlatados. Me llama la atención una producción televisiva latinoamericana: ¡Qué mujeres! Aquí todos los invitados y panelistas disertan, emiten opiniones contradictorias o paradójicas, pero no atacan al sujeto, solamente la situación. No hay acusaciones acaloradas, todos se comportan con tolerancia. Oímos opiniones, como: eso es tuyo, yo tengo lo mío, etc. Y aun los más universales valores como “la fidelidad matrimonial y el censurado adulterio”, lo enfocan como búsqueda de espacios convenientes, pérdidas y ganancias, comodidad de cada una de las tres partes: la pareja casada y la “otra”. Se cierra el programa sin veredicto, sin corolario, ni enseñanza magistral.
En el aspecto político nicaragüense vemos los actos desde perspectivas e intereses individuales. En el caso de los salarios, los miembros del Poder Legislativo impulsan la decisión que a los integrantes del Poder Ejecutivo se les disminuya el ingreso personal, en la imperiosa necesidad de promover ahorros, valores patrióticos… No obstante, cuando les corresponde a ellos tomar la decisión sobre sus salarios, concentrándose en sus intereses personales —es decir, “el yo antes de los demás”—, hacen ingentes esfuerzos para argumentar que sus ingresos guardan correspondencia con el resto de sus colegas de la región. ¿Tenemos realidades distintas?
Desde el siglo V antes de Cristo, Protágoras enseñó oralmente lo siguiente: “Sobre cualquier tema se puede mantener con igual valor dos tesis contrarias entre sí”. Este filósofo asimilaba los juicios humanos de justicia o verdad como una sensación de gusto o desagrado”. La práctica de estos enunciados retomados actualmente no es tan efectiva en Nicaragua, cuando vemos a dos grupos dentro de un mismo partido político disputándose el uso y usufructo de los símbolos y espacios que éste genera de cara a las próximas elecciones. La intolerancia es manifiesta, al atacarse a nivel personal, rechazando individuos en vez de refutar argumentos.
La postura relativista se presentaba con un vestido de resignación, ahora es también una posición definida positivamente por los conceptos de tolerancia, conocimiento dialógico y libertad. Relativismo y tolerancia son parte importante de la fundamentación filosófica de la democracia, pretendiendo que todos los caminos se reconozcan mutuamente en la búsqueda común de compatibilidades abiertas a nuevos desarrollos, trabajando hacia un futuro bueno para la mayoría, reconociendo que no hay una opinión política correcta única, alcanzando armonía en la definición de los límites entre cada grupo.
No obstante lo positivo de estas ideas, recordemos que hombre y mujer son proclives a violar leyes, a fingir su cumplimiento, al egoísmo, ira y abuso de poder, haciendo de suma importancia la presión de la opinión pública, nuevas formas de arbitraje, legislaciones honestas y dinámicas, con la celeridad de la situación. ¿Está preparado nuestro sistema legislativo para estos nuevos retos? Es requisito también definir los “fundamentos del bien común” para que podamos entender o suponer los motivos de cada grupo de poder, pudiéndonos así unirnos al consenso que se requiere para avanzar en el proyecto de recuperación económica y social de Nicaragua.
* La autora es empresaria