Roman, Times, serif»>Editorial
Confabulación contra la libertad
El tercer presidente de Estados Unidos, Thomas Jefferson, quien gobernó en aquel gran país de 1801 a 1809, dijo en una ocasión que es preferible tener una prensa sin gobierno en vez de un gobierno sin prensa. Quería decir el gran prócer norteamericano que la libertad de expresión y de información está por encima de todo.
Lamentablemente son raros los políticos como Jefferson, mucho menos en la época actual y sobre todo en Nicaragua, donde el Estado ha sido convertido en un botín y la política es un medio de enriquecimiento personal al precio que sea, inclusive a expensas de la libertad de prensa que es la base de todas las libertades.
Ciertamente, los políticos de Nicaragua, que en todos los sentidos son lo contrario a estadistas como Thomas Jefferson, quisieran gobernar sin una prensa libre, sin periódicos independientes que fiscalicen la función pública, que investiguen la corrupción política y que la denuncien. Por eso no es extraño que los políticos sandinistas del FSLN y los liberales del PLC se confabularan para aprobar la “ley Arce”, como se le llama popularmente a la reforma del Artículo 68 de la Constitución que fue promovida por el diputado sandinista Bayardo Arce, con el propósito de castigar a los medios de comunicación que han criticado el pacto libero-sandinista y que denuncian la corrupción.
En realidad, desde marzo del 2003, hace exactamente dos años, el mencionado diputado sandinista dio a conocer públicamente su intención de legislar contra la libertad de prensa y los medios de comunicación independientes, mediante la eliminación de la exoneración constitucional de las importaciones de papel, tinta, equipos y repuestos que se usan para el funcionamiento de los medios de comunicación social; exoneración que fue establecida por la reforma constitucional de 1995 precisamente como una garantía a la libertad de prensa y al derecho de los ciudadanos de acceder a los medios de comunicación social, permitiendo su precio bajo y evitando que fuesen sometidos a presiones y chantajes políticos a través de imposiciones y regulaciones fiscales.
Efectivamente, en la edición de LA PRENSA del martes 4 de marzo del 2003 se publicó la información de que “diputados sandinistas proponen imponer impuestos a papel y tinta de los periódicos”, refiriéndose a declaraciones de los diputados del FSLN, Bayardo Arce y Wálmaro Gutiérrez, éste último el mismo que recientemente se jactó públicamente de la monstruosidad jurídica, legislativa y política de que la reforma constitucional al Artículo 68 es para dañar expresamente a cuatro familias: los Holmann y Chamorro, dueños de LA PRENSA; los Sacasa, dueños del Canal 2, y los Valle, dueños del Canal 12.
En aquella misma ocasión, el Presidente de la Junta Directiva y Director de LA PRENSA, ingeniero Jaime Chamorro Cardenal, explicó que la exoneración le facilita a la mayor cantidad de gente leer los periódicos y por lo tanto tener un mayor acceso a la información, lo cual contribuye a fortalecer la democracia. “Nosotros no ganamos ningún centavo de esa exoneración, sino que la trasladamos en beneficio del lector”, aseguró el ingeniero Chamorro Cardenal.
Por su parte el Gerente General de LA PRENSA, ingeniero Hugo Holmann Chamorro, advirtió en aquella ocasión en que se dio a conocer la primera propuesta de la “ley Arce”, que con la suspensión de las exoneraciones “está en juego la libertad de expresión, que es la madre de las libertades, que es lo que nos ha permitido avanzar a la democracia que tenemos”.
Ciertamente, la reforma constitucional del Artículo 68 que fue aprobada ayer por los diputados del FSLN y del PLC ( la cual fue rechazada únicamente por cinco diputados que se erigieron en honrosos defensores parlamentarios de la libertad de expresión y de prensa), representa un duro golpe a la libertad y contra la democracia en Nicaragua. Pero se trata sólo de un revés. No es una derrota definitiva. Lo cierto es que la “ley Arce” contra la libertad de expresión y de prensa no podrá impedir que los medios de comunicación libres sigamos denunciando los abusos de los caudillos y sus cúpulas pactistas , la piñata sandinista y la corrupción arnoldista.