Ana Murillo Argüello
En lo que va del año hemos visto en los medios televisivos y escritos, noticias donde las mujeres nicaragüenses son las principales involucradas en actos de violencia.
Se dice que todas y todos tenemos los mismos derechos a tener una vida digna sin importar el sexo, clase social, edad, preferencia sexual, capacidad física y mental, raza, religión o grupo étnico al que pertenezcamos.
Si bien es cierto los Derechos Humanos son inherentes o propios de hombres y mujeres, su Declaración Universal fue producto de muchos siglos de lucha tanto de hombres como de mujeres y todavía se sigue luchando por el igual reconocimiento de los derechos para ambos.
Las desigualdades y discriminación, así como las diferencias de género, se comienzan a cuestionar desde nuestros hogares. Se nos permite o se nos prohíbe hacer ciertas cosas a las mujeres y otras a los hombres. A las mujeres se nos prohíbe ir a ciertos lugares, mientras a los hombres les es permitido ir a todo lugar. Desde la niñez nos están formando a las mujeres a ser madres y amas de casa y a los hombres a circular fuera de la casa , y todos para ser violentos.
Esto se hace de forma tan sutil que llegamos a creer que es natural que sea así, por lo que me atrevería a decir que se nos comienza a imponer más deberes que derechos, en los cuales nos educan a identificar a quiénes podemos obedecer (hombres) y a quién podemos mandar (hijos e hijas). Entonces, las mismas mujeres transmitimos las diferencias, diferencias que son transmitidas por la abuela, madre, esposa, hermana, maestra, en fin como mujeres.
El fenómeno de la violencia no es natural a los hombres ni es resultado de un instinto agresivo, sino que se aprende y se expresa en todos los campos de nuestra vida. La violencia doméstica es uno de los fenómenos más predominantes hoy en día. A diario miramos en los medios de comunicación cómo se está ejerciendo en las parejas a través de maltratos físicos y/o psicológicos, golpes y lesiones, llegando en algunos casos a provocar daños severos con graves repercusiones posteriores e incluso, hasta la muerte.
Las mujeres debemos tomar conciencia de esta situación que se acrecienta día a día, revelarnos contra todas las formas discriminatorias y opresivas. Hoy en día nos protegen convenios, normas, leyes nacionales e internacionales.
En Nicaragua contamos con la Constitución de la República, que garantiza la igualdad entre hombres y mujeres. También con la Procuraduría Especial de la Mujer, que vigila que se apliquen las leyes que protegen los Derechos Humanos de las mujeres, tales como la Ley 230, Ley de Reformas y Adiciones al Código Penal, para Prevenir y Sancionar la Violencia Intrafamiliar, Ley 150, Ley que protege a las víctimas de delitos contra las personas, su integridad física, psíquica y moral, Código del Trabajo, Ley Reguladora de Relaciones Madre, Padre e hijo, entre otras leyes de la república.
Es hora de que la mujer alce su voz y denuncie todos aquellos casos que considera se le estén violentando, señala al o a los responsables de violaciones a sus derechos humanos conculcados.
La autora es comunicadora social en Pro Derechos Humanos de la Mujer