Eduardo Enríquez
El olor de la sangre excita a los depredadores. El olor del poder excita a los dictadores.
Daniel Ortega no es el mismo desde las elecciones de noviembre, en las que su partido ganó muchas alcaldías.
O mejor dicho, desde las elecciones de noviembre volvió a ser el mismo que era cuando ostentaba todo el poder en Nicaragua.
Don Daniel se puede vestir de rosado chicha o de traje y retocarse el bigote para cada campaña electoral, pero al final va a seguir siendo el mismo de siempre, el mismo de los años 80.
Si recuerdan, en su cierre de campaña presidencial del 2001, (previo a su tercera derrota en las urnas) en Jinotega dijo que “existen dos caminos: el camino del odio y el del amor, y que será importante decidir por uno de ellos el cuatro de noviembre. Yo llamo a los liberales a tomar el camino del sentimiento de paz…”
¿Dónde está ese llamado, ahora que un compañero de lucha ha expresado su deseo de ser candidato presidencial por el Frente Sandinista? ¿dónde están los principios democráticos que pregonaba, si no duda en utilizar todos los mecanismos que controla y hasta la violencia y la intimidación para cortarle el paso a Herty Lewites?
Me imagino que los tendrá guardados en algún baúl olvidado de su mansión usurpada donde también tiene guardada la promesa que hizo ese 30 de octubre en Jinotega, de que las tierras para los campesinos serían “compradas” y no confiscadas.
Porque ahora son otros tiempos. Ahora que ya sienten tan cerca el poder que mandan al olvido esas promesas y vuelven a azuzar a los precaristas para que se tomen las tierras ajenas, como ha ocurrido en Chinandega.
Ya pasaron los tiempos en que doña Rosario Murillo, la ex primera dama, decía que el amor era más fuerte que el odio, y ahora en sus constantes diatribas —de nuevo como en los 80— fomenta el odio entre ricos y pobres.
Y sale también don Ricardo Coronel Kautz diciendo que el FSLN es un partido con raíces “nacionalistas, antiintervencionistas, antiimperialistas, marxistas, socialistas y… (como el papel aguanta todo) cristianas”.
Y sobre la base de esas raíces “cristianas” es que justifica la expulsión de Lewites por parte de la cúpula orteguista.
Es ese mismo olor al poder que tiene al diputado Bayardo Arce lanzándose contra la libertad de expresión, porque ya están recordando los tiempos en que mandaban a cerrar los medios con lujo de violencia.
En fin, gallina que come huevo, ni que le quemen el pico.