“Te dice Rubén: A quien concierna…”

Ana María Ch. Holmann

Recientemente hemos celebrado las efemérides del nacimiento y muerte de nuestra gloria nacional y universal: Rubén Darío, Príncipe de las Letras Castellanas, a quien le debemos honor y respeto todos los nicaragüenses y todo el mundo del habla castellana.

Desde el año 1933 —el 24 de septiembre— se alza frente al Lago Xolotlán, en el centro del parque que lleva su nombre, el monumento que honra su gloria, diseñado por el escultor Mario Favilli, quien simbolizó, propia y artísticamente los versos del libro de Cantos de vida y esperanza, centenario de su publicación que este año estamos celebrando: esculpida en mármol de Carrara se eleva sobre las graderías de una clásica balaustrada la figura del poeta luciendo una túnica virgiliana, llevando una corona de laureles, símbolo de su triunfo.

Frente a él, el Lago de los cisnes; los tres cisnes se deslizan a la par de la barca, símbolo de la vida. En lo alto, guardando su inspiración, las tres musas: Polimnia, musa de la retórica; Calíope con su trompeta llama a la poesía heroica; Erato hace vibrar con las melodías que acompañan la poesía lírica a las que también se unen los susurros de las tórtolas con su canto y en la barca de las aguas tranquilas, navegan Eros el eterno joven dios del Amor, y Psiquis, la hija de su Rey.

Todo el conjunto armoniza con los versos que realzan en el pedestal para hacer aún más imperecedera la memoria de nuestro poeta Rubén Darío y en la superficie del mármol frío se lee su melancolía:

“El dueño fui de mi jardín de sueño, lleno de rosas y de cisnes vagos; el dueño de las tórtolas, el dueño de góndolas y liras en los lagos”.

Sin embargo parece que Rubén además de poeta fue profeta, pues sigue con sus sueños así: “En mi jardín se vio una estatua bella; se juzgó mármol y era carne vida; una alma joven habitaba en ella, sentimental, sensible, sensitiva …”

Y sigue la profecía de Darío porque la juventud de hoy —quizás también los mayores— están desenfrenados, bárbaro, violadores, vagos e incultos como predijo Rubén:

“Potro sin freno se lanzó mi instinto, mi juventud montó potro sin freno; iba embriagada y con puñal al cinto; si no cayó, fue porque Dios es bueno …”

Lamentablemente esta profecía se está cumpliendo día a día y cada vez más se deteriora esta “estatua bella” —la única en Nicaragua— por el descuido, el abandono y el desamor, lo que refleja la incultura en que estamos sumergidos.

No hay precio para esta joya artística que representa el orgullo de los nicaragüenses y de todo el que habla y reza en castellano. Ya la trompeta de la musa Calíope no anuncia el heroísmo, porque ha pasado a manos profanas, ni el susurro de las tórtolas acompaña las melodías, porque se anidan en nido de rapiña y Psiquis y Eros han sido violentados por la saña y el desamor.

Este monumento además de ser una obra de arte, es un símbolo testimonial de nuestra creatividad poética y un tributo a nuestro Príncipe, además de ser parámetro que muestra el nivel cultural de nuestro pueblo y es un atractivo turístico.

Hace pocos años en 1998 la empresa Texaco hizo una donación para la restauración del monumento, con un costo alrededor de 80 mil dólares, lo que ahora se ha malogrado por el mismo descuido y abandono, lo que en cualquier parte del mundo se evita tomando medidas de seguridad. ¿No vale la pena invertir en un centinela permanente que guarde la imagen de nuestro Príncipe de las Letras?

La cultura de un pueblo se muestra cuando en vez de tirar una piedra alguien lanza una palabra … pero al paso que han ido las cosas: “Si no cayó, fue porque Dios es bueno…”.

La autora es amante del arte y la poesía

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