Edmundo Dávila [email protected]
“Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen los hechos”.
(Napoleón Bonaparte)
Las elecciones presidenciales del año 2001 en Nicaragua marcaron un hecho histórico: el noventa por ciento de los nicaragüenses aptos para votar ejercieron su derecho al voto. Este entusiasmo electoral es un fenómeno que raramente se observa en países de América Latina. La asistencia masiva del pueblo a las urnas fue motivada, en primer lugar, porque la gran mayoría de los nicaragüenses, por tercera vez, estaban recelosos de regresar al pasado, pues temían sumirse nuevamente bajo un gobierno totalitario y poco confiable. Por otra parte y muy relacionado con lo anterior, se creyó que el presidente Bolaños, apoyado por el partido que lo había llevado al poder, iba a manejar con habilidad y acierto el viejo y conocido chantaje que ha venido ejerciendo la oposición sandinista con los gobiernos de turno desde el año 1990, obligándolos a pactar y a co-gobernar con ellos, a cambio de garantizar la paz y la estabilidad del país.
El ingeniero Bolaños ha pasado más de la mitad de su gobierno combatiendo el fantasma de la corrupción, la cual concentró parcialmente en la figura del ex presidente Arnoldo Alemán y en algunos funcionarios de su pasado gabinete. Pero no se puede combatir la corrupción de manera justa y eficaz si sólo se señala a unos cuantos. Era necesario retroceder en la historia y “globalizar” la corrupción, con prescripción o sin ella, para conocimiento general y plena satisfacción de todos los nicaragüenses.
En política como en cualquier otra actividad humana, el valor pragmático de una decisión se mide por los resultados obtenidos. Si se hiciera un análisis más profundo de la forma en que se ha combatido la llamada corrupción hasta ahora, probablemente los costos que ha pagado el pueblo de Nicaragua, han sido mayores que los beneficios obtenidos.
Baste señalar que la imagen del país en el extranjero se ha deteriorado aún más, desfilando Nicaragua con índices vergonzosos en la corrupción de América Latina que sólo le perjudican. El aspecto positivo de un práctico combate a la corrupción sería en primer lugar la recuperación de todo el capital que los corruptos saquearon del erario y en segundo el juicio justo e imparcial de cada uno de ellos, nada de lo cual ha ocurrido en Nicaragua hasta ahora.
Recientemente y como producto de su estrategia política, don Enrique no ha tenido más alternativa que firmar un acuerdo con la Asamblea Nacional y el líder de la oposición sandinista, quien ya lo hizo anteriormente con doña Violeta y el doctor Alemán. Pero ¿qué panorama estuviésemos presenciando en la actualidad, si Bolaños hipotéticamente y desde el comienzo de su gestión hubiese permanecido aliado con su partido, y acordado con éste un apoyo incondicional para trabajar normal y conjuntamente, como todo mundo lo esperaba, en óptimo beneficio del pueblo. Asimismo, ¿qué habría hecho el FSLN para conservar su gran influencia y larga hegemonía en el poder?
Hace algún tiempo y bajo el actual Gobierno, fue anunciado públicamente que pronto vendrían a Nicaragua unos “sabuesos” norteamericanos a investigar la corrupción desde el año 1979 (sin propósitos punitivos), pero nunca se volvió a tener noticias de su proyectada visita. La investigación sencillamente debió realizarse porque: ¿acaso el pueblo, por falta de información oficial, debe estar limitado a conocer solamente a algunos corruptos y no a todos?
Hasta el día de hoy se ha conseguido precisamente lo opuesto a las aspiraciones de los votantes demócratas: un escenario político totalmente diferente al que estamos observando, en que la verdadera democracia se impusiera claramente.
Después de tres años de Gobierno, al menos en el plano político, todo parece indicar que no se ha sabido aprovechar hasta ahora el voto ganador que los nicaragüenses concedieron al Presidente en el año 2001. ¡Qué lástima! Otra gran oportunidad perdida.
Nicaragua continuará debatiéndose en un eterno volver a empezar.
El autor es ingeniero en Sistemas de Información, MBA