Contrastes culturales

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Contrastes culturales





“La poesía —sentenció Aristóteles— es más profunda y filosófica que la historia”. Ese sólido concepto aristotélico fue en cierto modo retomado magistralmente por un gran maestro de la poesía universal, el nicaragüense Rubén Darío, quien calificó a los poetas como “Torres de Dios”: “¡Pararrayos celestes/ que resistís las duras tempestades/ como crestas escuetas/ como picos agrestes/ rompeolas de las eternidades!”

Valga lo anterior para enmarcar el reconocimiento a la importancia que tiene la celebración exitosa, aunque con modesta resonancia en los medios de comunicación social —más ocupados éstos en informar sobre huelgas y pleitos de políticos por las gangas del poder—, del Primer Festival Internacional de la Poesía que transcurre en la ciudad de Granada y concluirá el próximo domingo 6 de febrero.

Este certamen internacional de poesía, en el que participan poetas de diversos países del mundo, ha motivado a la intelectualidad literaria nicaragüense y despertado un gran entusiasmo entre la población granadina, que aspira con toda razón y derecho a que su hermosa y antigua ciudad, que exhibe orgullosamente el dato de ser la más antigua fundada por los españoles en tierra firma americana, sea por eso mismo y por su reconocida riqueza cultural y arquitectónica, declarada Patrimonio de la Humanidad.

La celebración en estos días del Primer Festival Internacional de la Poesía, en cuya inauguración se hizo un funeral simbólico de la ignorancia y la incultura, es un tributo a la inteligencia humana, a la belleza de la palabra escrita, a la excelencia de la creación literaria, al desarrollo cultural de la nación y, en fin, a la buena educación.

Precisamente por eso, el festival de poesía marca un fuerte contraste con la sombría situación política y social que hay actualmente en el país, donde parecería más bien un contrasentido hacer poesía y hablar de ella. Sobre todo contrasta el festival poético con una huelga de maestros que si bien es cierto se justifica con la demanda de un merecido mejor salario, sin embargo le niega a los niños y jóvenes de Nicaragua el acceso a la educación que es un derecho humano esencial, el cual está consagrado como inviolable e incondicional por la Constitución de Nicaragua (Título VII, artículos 116 al 128), por el Código de la Niñez y la Adolescencia (Artículo 43), por la Declaración Universal de Derechos Humanos (Artículo 26), por el Pacto Internacional de Derechos Sociales y Culturales (Artículo 13), y por otros instrumentos jurídicos internacionales de derechos humanos que la Constitución reconoce como leyes de Nicaragua.

Sin embargo, lo más importante es que este festival de poesía demuestra que en Nicaragua no sólo hay personas que destruyen, sino también muchas otras que tienen voluntad de construir. Y otra vez, como en tiempos de Rubén Darío, cuando éste deslumbró al mundo con su poesía mientras el país mostraba las llagas de sus miserables disputas partidistas por el poder, ahora la poesía salta a la palestra para salvar el buen nombre de Nicaragua; para demostrar que a pesar de la mala política, de la corrupción y la intolerancia partidista, los nicaragüenses siguen teniendo sentido del buen gusto, afición a lo bueno, talento intelectual y aspiración a un destino mucho mejor que la vida actual.

Todos los pueblos del mundo tienen sus creadores literarios y personalidades culturales en general, y se sienten orgullosos de ellos. Del mismo modo, los nicaragüenses se enorgullecen legítimamente de la obra inmortal de Rubén Darío, de los poetas a los que está dedicado el Primer Festival Internacional de la Poesía y de todos los buenos cultivadores de la creación poética, literaria y cultural en términos generales.

No importa que la azarosa historia nacional esté dolorosamente marcada por la brutalidad de la guerra y de la violencia, de la intolerancia y la corrupción. Lo más importante es que no sólo caudillos y políticos rufianes ha producido y produce Nicaragua, sino también patriotas ejemplares, políticos honorables, intelectuales destacados, escritores eximios, poetas luminosos.

De esto último debemos sentirnos legítimamente orgullosos los nicaragüenses y ojalá que este Primer Festival Internacional de la Poesía no sea también el último, sino que se celebre cada año o con la periodicidad que establezcan sus organizadores, para bien de Nicaragua.

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